viernes, 10 de marzo de 2017

Dolores Etchecopar


estuve llamando con el nombre equivocado
lo que vino habló y habló en una lengua desconocida
abracé la destemplanza y la fruición de los materiales
de noche al apoyar el oído en la almohada latían
barrios remotos iluminados como pequeños altares
las palabras despeñaban una y otra vez
una admonición que no estaba en mí comprender





el recreo pudo ser feroz
no lo sabías
te quedaste callada y vacilante
como una soga después de que algo salta sobre ella
sucedió que el mundo entró como un cuchillo
y quedó incrustado en la perplejidad
te procuró detalles preciosos
y rápidos en esconderse
de la memoria




una vez
escuché a la niña inca detenida en la montaña
sostuve su pequeña mano en la mía
su mano tocaba la hierba de un reino
y la posé sobre mi pecho

cada cosa anhelada irradia un silencio que protege
me fue concedido sostener una pequeña mano
en las sombras de la montaña
y cantar lo inusitado    lo breve de un cielo
que se espanta con el pensamiento





a mí me aturde estar viva y destruir
giro con el rencor
y la fiereza del magro amor
que me hizo
espaciosa y triste

lo mío es saquear un trino de la muerte





lo que dijo lo dijo de nuevo
está torcida la desembocadura
de corazón que traes

yo tenía en el pecho miles de pasos desconcertados

tarde me vi nacer
y era  de un vocabulario que enviaban los muertos

no estuvo en mí conocer ese amor
que llaman amor y se lo llevan entre dos
yo miro cuando se van con él y no regresan
tan arduo es volver del abandono
en el que un animal se adentra



Dolores Etchecopar, El cielo una sola vez, Buenos Aires, Hilos Editora, 2016





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