lunes, 16 de enero de 2017

"Así la vida de nuestra primavera" de Lidia Rocha


Menhires


No habrá ensueño eterno
lazos de la memoria
sino destino en la ceniza.

El fuego a la madera
desata el aliento de los dioses
demorado
en la raíz del bosque

para que el alma siga
el rumbo ascendente
de las piedras





Mulholland Drive *

                            si te labra prisión mi fantasía...
                                             Juana de Asbaje


esa otra de mí
que apenas puedo
          valiente
          intrépida

ese hueco en el cosmos
ese golpe de gracia
para que caigas

no muerta... No
          adormecida
          tenue
          sin peso

una plumita azul
sobre mi mano


*película de David Lynch (2002)





Aquí probamos


                              para Julia Magistratti


las cosas del mundo nos llaman
a quererlas,
nos piden
el grado justo de dedicación
nos hacen sordos

pero ella
        canta

viene     de otras voces
corre

        un río subterráneo
        nos desata
        del eje de la tierra
        del imperio solar del día a día

        nos lleva con la voz
        de un alma a otra

        nos hace huella
        de lenguaje.

Aquí probamos
esa música que viene de las palabras
y se queda en nosotros
y hace
más música





Los que no tenemos hijos


también fuimos invitados a la fiesta

pero no firmamos el libro de visitas
y la despedida fue más leve

Igual

dimos una vuelta entera a la pista de baile

y nuestra memoria    como otras
fue   más o menos efímera




Lidia Rocha, Así la vida de nuestra primavera, Buenos Aires, La Mariposa y La Iguana, 2016.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Edgar Bayley, primera entrega


Al comienzo de toda razón


Recuerdo esta mañana o aquella espuma
la obstinación del primer fruto

recuerdo tu camino
y tus campanas
tus alarmas y los besos que perdimos

recuerdo cada temblor tuyo
al partir entre las venas del sueño
tus ojos entrecerrados
y el tierno valle que me ofreciste
y todo lo que dejamos para separarnos
la ceniza cómplice de las veinticuatro horas
la esperanza crispada por el viento
mi propia semejanza
el nacimiento sin número del hombre
mi redada abierta de pulsos y memoria

no hemos sido después lo de esa noche
nos desdoblamos por otros caminos
y nos vertimos indiferentes
en la máscara nacida del reposo y la costumbre
ahora quisiera iluminar hasta el más oculto de nuestros
    segundos
esperar reencontrar nuestra pausa
nuestro túnel de arena
pero se ha hecho demasiado tarde para las hojas de tus
    sueños
para la convergencia que amabas
para el fondo de tus luces

oh lucidez inocencia
perdidas entre el polvo y la renuncia




Es infinita esta riqueza abandonada


esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos islas
    remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es el mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de todos de
     cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío
no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada




El brazo


Entrega tu sueño
al pájaro del alba
Tú ya no puedes
penetrar el aire
Vuelve
con los brazos abiertos
en silencio
No despiertes al mar
Entrega tus tambores
No te expliques nada
deja al cielo la noche
Ya es hora
Cada recuerdo queda
con su guerrero propio
No te expliques nada
no pidas el rescate
ni la palabra justa
El nido abre su piel
para alojar tu voz
La rosa del viento
aclara tu alfabeto
Los coros descienden
a la luz de otra luna

Yo entrego mi temor
y la esperanza
Toda noche vuelve
al borde del espejo

Vuélvete
deja tu nombre
y la defensa

En el claro del viento
otra palabra te sorprende

Los árboles giran
quince años atrás
La espesura del alba
ha cambiado los tiempos

Abandona más todavía:
espanto
trinos
el agua de siete colores
tu mano sumergida
aquella rosa
estos labios
y el sombrero
de los cuatro puntos cardinales

Deja fluir tu brazo
sobre el mundo




Una voz solamente


Este juego tuyo
esta ventana

Puedes mirar más lejos
conversar

Otros miran por ti
aprenden
conversan con los dioses

He aprendido
he vivido
hago mi propio juego
es todo lo que tengo

Humilde es el camino
del corazón del hombre
te es dado un solo juego
una voz solamente

He jugado
he mirado
es todo lo que tengo




Todo el viento del mundo


No he de volver al aire. Caminos. Caminos del libre odio, sombras, torpezas que rescatas en la espiral. Serpiente del lanzamiento. Odio, razón de vida, vino del sueño vidente, cosecha entre las rocas. No he de volver al aire. Condena, sospechas, abolición del hermano, cuerpo renegado de un pan sin justicia, cielo negro, tronco hostil, heridas del alba, floración lenta del rechazo.

   No he de volver a la playa secreta ni cosecharé en la noche los frutos ocultos. Caminos del delirio mudo. Separación. Golpes en la muralla. Ilusión taciturna de la palabra-calle de la furia. Allí mismo, flor de la guerra, destrucción del valle, lógica del poder. Tierra de nadie, aridez del rechazo propio. Rechazo de los otros, sangre del desamor. Dominio del cuidado. Estrategia del desprecio. Libre serpiente, sembradora de la renuncia y la negación.

   Nadie se consuela, nadie se compadece en las arenas del desprecio. Los días no colman ninguna ternura. Con los ojos abiertos, con la memoria vacía, asistimos a la fiesta de la destrucción. Ni ellos ni yo. No será para nadie la patria verdadera. No serán para nadie las linternas y la confianza.
Reino de la traición, sin dudas ni dioses. Juegos del odio, milagro de la crueldad.

   Pero el viento prosigue, más allá de la humillación y la alegría, cantando la transformación de los colores, igualando el desprecio con la esperanza, el cuidado con la inocencia. El rechazo, al quedar solo, se hace habitable. Se establece, habla sin declamación ni cálculo.

   Es mi propiedad en la arena. Es una voz al borde de la destrucción. La negación que hace un hombre, todos, más allá del cuidado. Va a nacer del asco un rostro.

   Los ojos abiertos mirarán por fin.

   Alguien es finalmente para sí mismo, para los otros. La catedral del desprecio abre sus ventanas. La libre serpiente llama, descubre. No hay caídas ni impaciencias en esta luna fría. No hay temor en las fronteras del bosque. El reflejo cede ante el agua de la fuente.

   Un nombre. Una lucidez fraternal. Un nacimiento. El mundo llega a ser un tú. Canto. Luz en la piedra fecundada. Nos reconocemos. Luminoso cielo oscuro. Sangre del desamor enamorada. Rostro del hermano. Admisión del sí mismo en el rechazo. Lentamente surge  la compañía de los otros. Un camino. Nos volvemos viento.
Todo el viento del mundo.




A ser otro


he venido a ser otro
a ser el mismo
a entrar salir a estar despierto
no quiero eternizarme en una cara
en  un traspié canal en un cuidado

he venido a ser otro
a convertirme
en cal en hoy en calle
en mi enemigo
he venido a mezclarme
a estar parado
a darme a ser a no mirarme
a no decir ya está he terminado

he venido a estar a empobrecerme
a seguir con mi apuesta
entre los hombres

he venido a morir o no morir
enamorado
a partirme en cielotierra
entre dos pasos
habitando el desamor
y la alabanza


(una primera selección entre 1944-1963)

Edgar Bayley, Todo el viento del mundo: antología poética, Buenos Aires, Colihue, 2015.




jueves, 8 de diciembre de 2016

Claudia Masin, La cura


Potrillo


Cada uno carga su familia como los mendigos sus bolsas raídas,
esas cosas que ya no sirven para nada,
pero no se pueden abandonar: son parte del propio cuerpo,
del camino recorrido. Es difícil soltar lo que nos ha acompañado
tanto tiempo, aunque lastime y agobie y la espalda se incline
bajo el peso. Como si fuéramos la muesca diminuta
sobre el arma disparada en un pasado remoto,
en una tierra desconocida decidieron por nosotros, antes
de que naciéramos, hasta los muertos que tendríamos que llorar.
Pero si nos acompaña una multitud a cada paso, pienso,
el aislamiento no resuelve nada. Ni construir una cabaña
con las propias manos en el monte impenetrable,
darle la espalda al mundo y a los demás, volverse un paria
que ha rechazado su lugar entre los otros
para quedar libre de una deuda
que de todas maneras va a tener que pagar. Entonces,
si los cuerpos reunidos al principio
quedan atados por un nudo que atraviesa el tiempo, una cuerda
increíblemente firme, imposible de desatar,
¿cómo ser en la vida algo más que una especie
de fenómeno natural: un latigazo del cielo, un rayo
que destroza sin razón y sin sentido, o al revés,
una lluvia suave que reverdece el campo seco y trae alivio
a los cultivos casi muertos? Es decir,
¿cómo ser algo más que un impulso ciego
que actúa sin voluntad de hacer el bien ni el mal,
por pura inercia desprendida del pasado, de los terrores,
los deseos, las pasiones de la tribu?
A veces creo, pero es una cuestión de fe, no sé si es cierto,
que se puede construir una familia a partir de cosas ínfimas
que no forma parte de la historia contada
a través de las palabras o del cuerpo de los que amamos.
Que podríamos descender en el tiempo
hasta el instante en que aún no habían empezado ni la fealdad
ni el miedo, a través de una memoria física que nos devuelva
la humilde y pura gracia de respirar. Hablo
de atarnos a detalles tan insignificantes que no serían jamás
parte del drama y por eso mismo no podrían
convertirse en el hueso de tu infelicidad.
Sería tan distinto, claro,
si tu familia fuera el día en que conociste el verano,
la primera experiencia de alegría bajo un chorro de agua
en el sopor pesado de la siesta, el olor de la tierra mojada
y el contacto del pasto en los pies descalzos. La risa, levantándose
como la bruma del calor hacia lo alto. Si fuera tu destino ese punto
del pasado, ese resplandor que quedó grabado a fuego,
clavado en tu carne como la herradura en la pata de un caballo joven,
de un potrillo que en el momento de entrar al establo
se retoba y corre y es capaz de fugarse de la vida que le espera.




Río

Vuelve a erigir la casa y bordemos la historia,
Vuelve a contar mi vida.                                       
                                
Olga Orozco


Cuando era chica, a la hora de la siesta, no quedaba en la casa
ni una sola persona (salvo yo) despierta. A veces
algún hecho inesperado rompía la tranquilidad y había
que salir corriendo, contárselo a quien se pudiera:
ninguna cosa triste, hermosa o terrible– tiene sentido
si nadie más la está viendo. El día
en que pasaron un par de caballos viejos, llevados 
de las riendas por sus dueños, y entraron en el río
en medio del calor insoportable, conté la escena 
pero no dije nada de esas bestias lentas, que iban
con la cabeza gacha, cansadas de antemano,
acostumbradas a la obediencia. En mi relato
eran potrillos ariscos que habían llegado de lejos,
levantando una polvareda, una tropilla de lejos,
que había entrado corcoveando al agua a buscar el fresco.
¿Es siempre una mentira distorsionar
los hechos, inventarle a la vida una combinación, un orden,
un sentido diferentes? ¿Y si lo efectivamente sucedido
se disgregara una y otra vez al ser narrado
como una piedra erosionada por el viento,
hasta terminar reagrupando sus partículas
en una nueva historia, tan cierta
como la original? ¿Sería posible
hacer vacilar los hechos inconmovibles, derrumbarlos,
levantar otros en su lugar, igual de sólidos
o todavía más? Tal vez no compartimos relatos 
para hacernos conocer, ser transparentes
o sinceros, sino para inclinarnos junto a otra persona
sobre la vida que tuvimos y decirle: ¿ves?
acá es donde empezó el deterioro, donde me di por vencida
y acepté que la fealdad o la tristeza
eran irreversibles. Habría que volver atrás, entonces,
a inventar de nuevo la historia malograda,
a reparar lo que se ha roto y recomponer las paredes
precariamente sostenidas, los rebordes descuidados,
los lugares que quedaron abandonados o inconclusos,
como un albañil que maneja las herramientas toscas
con toda la delicadeza de la que es capaz
hasta que logra encontrar la forma
a la vez simple y hermosa 
de combinar los materiales con que cuenta
para transformar lo que estaba dañado, eso que todos decían
que no tenía arreglo.


Claudia Masin, La cura, Buenos Aires, Hilos Editora, 2015. 

jueves, 10 de noviembre de 2016

Rimbaud, un fragmento de "Cartas del vidente"


Rimbaud -15 años /Collage Ernest Pignon

—He aquí una prosa sobre el futuro de la poesía— Toda poesía antigua conduce a la poesía griega, Vida armoniosa. — Desde Grecia hasta el movimiento romántico, — hay letrados, versificadores. De Ennio a Theroldus, de Theroldus a Casimir Delavigne, todo es prosa rimada, un juego, decaimiento y gloria de innumerables generaciones de idiotas: Racine es el puro, el fuerte, el grande. — le hubiesen soplado en sus rimas, revuelto sus hemistiquios, el Divino Tonto sería hoy tan ignorado como cualquier primer autor de Orígenes. —Después de Racine, el juego se descompone. Duró dos mil años.

Ni broma ni paradoja. La razón me inspira más certezas sobre el tema que ataques de ira tuvo jamás un Joven-Francia. En cuanto al resto, ¡que los nuevos sean libres de aborrecer a los ancestros! Uno está en su casa y es dueño de su tiempo.

     Nunca se juzgó bien el romanticismo. ¿Quién lo habría juzgado? ¿Los críticos? ¿Los románticos, que tan bien demuestran que la canción es tan pocas veces la obra, es decir: el pensamiento cantado y comprendido del cantante?

     Pues Yo es otro. Si el cobre amanece en forma de clarín no es su culpa. Me resulta evidente: Asisto a la eclosión de mi pensamiento, lo miro, lo escucho. Lanzo un golpe de arco, la sinfonía se remueve en las profundidades o de un salto entra en escena.

    ¡Si los viejos imbéciles no hubieran descubierto del yo solamente el falso significado, no tendríamos que barrer estos millones de esqueletos que, desde un tiempo infinito, acumularon los productos de sus tuertas inteligencias, proclamándose sus autores!

   En Grecia, dije, versos y liras marcan el ritmo de la Acción. Luego, música y rimas son juegos, esparcimientos. El estudio de ese pasado hechiza a los curiosos: varios se contentan con renovar estas antigüedades: —es para ellos. La inteligencia universal siempre arrojó sus ideas, espontáneamente; los hombres recogían una parte de esos frutos del cerebro: se actuaba en consecuencia, se escribía libros a partir de ello: así se desarrollaba todo, el hombre no se trabajaba, no estaba aún despierto o no todavía a la plenitud del gran sueño. Funcionarios, escritores: autor, creador, poeta, ¡ese hombre nunca existió!

    La primera observación del hombre que quiere ser poeta es su propio conocimiento, completo; busca su alma, la examina, la pone a prueba, se la aprende. Apenas la sabe debe cultivarla, esto parece simple: en todo cerebro se lleva a cabo un desarrollo natural; tantos egoístas se proclaman autores; ¡y muchos otros se atribuyen su progreso intelectual! —Pero se trata de hacer monstruosa el alma: ¡como los comprachicos! Imagine un hombre que se implanta y se cultiva verrugas en el rostro.

      Yo digo que hay que ser vidente, hacerse vidente.

    El Poeta se hace vidente a través de un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Él mismo busca todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura, agota en él todos los venenos, para quedarse solamente con las quintaesencias. Inefable tortura en la que necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana donde se convierte, entre todos, en el gran enfermo, en el gran criminal, en el gran maldito, — ¡y en el supremo Sabio! — ¡Porque llega a lo desconocido! ¡Dado que cultivó su alma, ya rica, más que nadie! Llega a lo desconocido y aún cuando, enloquecido, terminara perdiendo la capacidad de comprender sus visiones, ¡ya las vio! ¡Que reviente el poeta en cada salto en busca de cosas inauditas e innombrables: otros horribles trabajadores vendrán y comenzarán por los horizontes en los que el otro se desplomó! 

Arthur Rimbaud, un fragmento de Cartas del Vidente, Traducción Carolina Massola



—Voici de la prose sur l’avenir de la poésie— Toute poésie antique aboutit à la poésie grecque, Vie harmonieuse. — De la Grèce au mouvement romantique, — moyen âge, —il y a des lettrés, des versificateurs. D’Ennius à Theroldus, de Theroldus à Casimir Delavigne, tout es prose rimée, un jeu, avachissement et gloire d’innombrables générations idiotes : Racine est le pur, le fort, le grand. — On eût soufflé sur ses rimes, brouillé ses hémistiches, que le Divin Sot serait aujourd’hui aussi ignoré que le premier venu auteur d’Origines. —Après Racine, le jeu moisit. Il a duré deux mille ans.

Ni plaisanterie, ni paradoxe. La raison m’inspire plus de certitudes sur le sujet que n’aurait jamais eu de colères un Jeune-France. Du reste, libre aux nouveaux ! d’exécrer les ancêtres : on est chez soi et l’on a le temps.

On n’a jamais bien jugé le romantisme. Qui l’aurait jugé ? Les critiques ! Les romantiques, qui prouvent si bien que la chanson est si peu souvent l’œuvre, c’est-à-dire la pensée chantée et comprise du chanteur ?

Car Je est un autre. Si le cuivre s’éveille clairon, il n’y a rien de sa faute. Cela m’est évident : j’assiste à l’éclosion de ma pensée : je la regarde, je l’écoute : je lance un coup d’archet : la symphonie fait son remuement dans les profondeurs, ou vient d’un bond sur la scène.

Si les vieux imbéciles n’avaient pas trouvé du moi que la signification fausse, nous n’aurions pas à balayer ces millions de squelettes qui, depuis un temps infini, ont accumulé les produits de leur intelligence borgnesse, en s’en clamant les auteurs !

    En Grèce, ai-je dit, vers et lyres rythment l’Action. Après, musique et rimes sont jeux, délassements. L’étude de ce passé charme les curieux : plusieurs s’éjouissent à renouveler ces antiquités : —c’est pour eux. L’intelligence universelle a toujours jeté ses idées, naturellement ; les hommes ramassaient une partie de ces fruits du cerveau : on agissait par, on en écrivait des livres : telle allait la marche, l’homme ne se travaillant pas, n’étant pas encore eveillé, ou pas encore dans la plenitude du grand songe. Des fonctionnaires, des écrivains : auteur, créateur, poète, cet homme n’a jamais existé !

      La première étude de l’homme qui veut être poète est sa propre connaissance, entière ; il cherche son âme, il l’inspecte, il la tente, l’apprend. Dès qu’il la sait, il doit la cultiver ; cela semble simple : en tout cerveau s’accomplit un developpement naturel ; tant d’égoïstes se proclament auteurs ; il en est bien d’autres qui s’attribuent leur progrès intellectuel ! —Mais il s’agit de faire l’âme monstreuse : à l’instar des comprachicos, quoi ! Imaginez un homme s’implantant et su cultivant des verrues sur le visage.

      Je dis qu’il faut être voyant, se faire voyant.

   Le Poète se fait voyant par un long, immense et raisonne dérèglement de tous les sens. Toutes les formes d’amour, de souffrance, de folie ; il cherche lui-même, il épuise en lui tous les poisons, pour n’en garder que les quintessences. Ineffable torture où il a besoin de toute la foi, de toute la force surhumaine où il devient entre tous le grand malade, le grand criminel, le grand  maudit, — et le suprême Savant !  — Car il arrive à l’inconnu ! Puisqu’il a cultivé son âme, déjà riche, plus qu’aucun ! Il arrive à l’inconnu, et quand, affolé, il finirait par perdre l’intelligence de ses visions, il les a vues ! Qu’il crève dans son bondissement par les choses inouïes et innommables : viendront d’autres horribles travailleurs ; ils commenceront par les horizons où l’autre s’est affaissé !



viernes, 30 de septiembre de 2016

Jacques Dupin







Gran viento




Sólo pertenecemos al sendero de montaña
Que serpentea al sol entre la salvia y el liquen
Y se lanza en la noche, camino de arista,
Al encuentro de las constelaciones.
Hemos acercado cimas.
El límite de las tierras arables,
Las semillas nos estallan en los puños
Las llamas nos entran en los huesos
¡Que el estiércol suba a cuestas de los hombres hasta nosotros!
¡Que la viña y el centeno repliquen
A la vejez del volcán!
Los frutos del orgullo, los frutos del basalto
Madurarán bajo los golpes
Que nos vuelven visibles.
La carne soportará lo que sufrió el ojo,
Lo que los lobos no soñaron
Antes de descender al mar



Grand Vent

Nous n’appartenons qu’au sentier de montagne
Qui serpente au soleil entre la sauge et le lichen
Et s’élance à la nuit, chemin de crête,
À la rencontre des constellations.
Nous avons rapproché des sommets
La limite des terres arables.
Les graines éclatent dans nos poings.
Les flammes rentrent dans nos os.
Que le fumier monte à dos d’hommes jusqu’à nous !
Que la vigne et le seigle répliquent
À la vieillesse du volcan !
Les fruits de l’orgueil, les fruits du basalte
Mûriront sous les coups
Qui nous rendent visibles.
La chair endurera ce que l’œil a souffert,
Ce que les loups n’ont pas rêvé
Avant de descendre à la mer.




La palabra


Tu súplica que repugna la facilidad de una trama empobrecida,
Vacila entre dos muertos.

Los márgenes se estrechan alrededor de tu lingote árido
Y ya, el último refugio, el follaje, arde,

Oh mi palabra en pérdida pura,
¡Mi palabra semejante a la retracción de un ala extrema sobre el mar!



La parole

Ton vœu qui répugne à l’aisance d’une trame appauvrie,
Balance entre deux morts.

Les marges se resserrent autour de ton lingot aride
Et déjà, le dernier refuge, le feuillage, flambe,

Ô ma parole en perte pure,
Ma parole semblable à la rétraction d’une aile extrême sur la mer !



El reino mineral

En este país el rayo hace germinar la piedra.

Sobre los pitones que dominan las gargantas
Torres en ruinas se alzan
Como otras tantas antorchas mentales encendidas
Que reavivan las noches de gran viento
El instinto de muerte en la sangre del labrante.

Todas las venas del granito
Van a desatarse en sus ojos.

El fuego jamás se salvará de nosotros,
El fuego que habla nuestra lengua.



Le Règne minéral

Dans ce pays la foudre fait germer la pierre.

Sur les pitons qui commandent les gorges
Des tours ruinées se dressent
Comme autant de torches mentales actives
Qui raniment les nuits de grand vent
L’instinct de mort dans le sang du carrier.

Toutes les veines du granit
Vont se dénouer dans ses yeux.

Le feu jamais ne guérira de nous,
Le feu qui parle notre langue.

                                                 
                                                 Traducción/Versión de Carolina Massola


Jacques Dupin, Gravir, París, Gallimard, 1963 



martes, 6 de septiembre de 2016

Mauro Lo Coco (traduit en français)

good days, bad days



hoy entendí que soy yo
quien decide cuándo empiezan
los días lindos

es cuando me despierto sin ganas
de morirme por primera vez
en unos meses

entonces
me habita un entusiasmo insólito
para elegir
una camisa que me hará ver
nuevo y vital

el tiempo
se empieza a poner lindo
cuando me miro al espejo
marco el número
para reservar un turno con esther
para hacerme el mismo corte de siempre
tendremos luego
un duelo de chistes
para aceptar que
yo tengo menos pelo
y ella escucha menos cada vez
así nos divertimos

los mejores días están a punto de empezar
cuando decido
barrer el balcón
tirar las hojas secas que tapan
la rejilla entonces
me convenzo
de que al fin
las plantas van a crecer
como debe ser
sumisas, en paz
y en la dirección
que les ordeno

traer los días lindos
me lleva mucho trabajo
por eso
tengo que encontrar el momento
y el momento
es cuando estoy

bañado
vestido
peinado
afeitado

con la casa y el cuarto limpios
ahí abro las ventanas
ventilo, entonces sí
salgo al balcón
me siento a mirar el sol
digo que llegó el momento
y sonrío






good days, bad days

aujourd’hui j’ai compris que c’est moi
qui décide quand commencent
les beaux jours

c’est quand je me réveille sans l’envie
de mourir pour la première fois
depuis des mois

alors
s’installe un enthousiasme insolite
pour choisir
une chemise qui me fera voir
nouveau et vital

le temps
commence à devenir beau
quand je me regarde dans le miroir
je compose le numéro
pour prendre un rendez-vous avec esther
et me faire la même coupe que d’habitude
nous aurons ensuite
un duel de blagues
qui nous fera accepter que
j’ai moins de cheveux
et qu’elle entend de moins en moins bien
ainsi nous nous amusons

les meilleurs jours sont sur le point de commencer
quand je décide
de balayer le balcon
de jeter les feuilles sèches qui bouchent
la grille alors
je suis convaincu
qu’enfin
les plantes vont pousser
comme il faut
soumises, en paix
et dans la direction
que je leur impose

ramener les beaux jours
me demande beaucoup d’efforts
c’est pourquoi
je dois trouver le moment
et le moment
c’est quand je suis

douché
habillé
coiffé
rasé

la maison et la chambre propres
alors là j’ouvre les fenêtres
j’aère, et alors oui
je sors sur le balcon
je m’assois et je regarde le soleil
je dis que le moment est arrivé
et je souris

                                               (traduit en français par Carolina Massola et Benal)


Mauro Lo Coco, "Mi sabiduría es arruinarla", Bs.As., Zindo & Gafuri, 2015.

miércoles, 24 de agosto de 2016

San Juan de la Cruz


Coplas del alma que pena por ver a Dios


    Vivo sin vivir en mí,
Y de tal manera espero,
Que muero porque no muero.

   En mí yo no vivo yo,
Y sin Dios vivir no puedo;
Pues sin Él y sin mí quedo,
Este vivir ¿qué será?
Mil muertes se me hará,
Pues mi misma vida espero,
Muriendo porque no muero.

   Esta vida que yo vivo
Es privación de vivir;
Y así, es continuo morir
Hasta que viva contigo;
Oye, mi Dios, lo que digo,
Que esta vida no la quiero;
Que muero porque no muero.

   Estando ausente de Ti,
¿Qué vida puedo tener,
Sino muerte padecer,
La mayor que nunca vi?
Lástima tengo de mí,
Pues de suerte persevero,
Que muero porque no muero.

   El pez que del agua sale,
Aun de alivio no carece,
Que la muerte que padece,
Al fin la muerte le vale;
¿Qué muerte habrá que se iguale
A mi vivir lastimero,
Pues si más vivo más muero?

   Cuando me pienso aliviar
 De verte en el Sacramento,
Háceme más sentimiento
El no poderte gozar;
Todo es para más penar,
Por no verte como quiero,
Que muero porque no muero.

   Y si me gozo, Señor,
Con esperanza de verte,
En ver que puedo perderte
Se me dobla mi dolor;
Viviendo en tanto pavor,
Y esperando como espero,
Muérome porque no muero.

   Sácame de aquesta muerte,
Mi Dios, y dame la vida;
No me tengas impedida
En este lazo tan fuerte;
Mira que peno de verte,
Y mi mal es tan entero,
Que me muero porque no muero.

   Lloraré mi muerte ya,
Y lamentaré mi vida
En tanto que detenida
Por mis pecados está.
¡Oh mi Dios! ¿Cuándo será?
Cuando yo diga de vero:
Vivo ya porque no muero.





Coplas Sobre un Éxtasis de Alta Contemplación


   Entréme donde no supe,
Y quedéme no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Yo no supe dónde entraba,
Porque, cuando allí me vi,
Sin saber dónde me estaba,
Grandes cosas entendí;
No diré lo que sentí,
Que me quedé no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   De paz y de piedad
Era la ciencia perfecta,
En profunda soledad,
Entendida vía recta;
Era cosa tan secreta,
Que me quedé balbuciendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Estaba tan embebido,
Tan absorto y ajenado,
Que se quedó mi sentido
De todo sentir privado;
Y el espíritu dotado
De un entender no entendiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   El que allí llega de vero,
De sí mismo desfallece,
Cuanto sabía primero
Mucho bajo le parece;
Y su ciencia tanto crece,
Que se queda no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Cuanto más alto se sube,
Tanto menos entendía
Qué es la tenebrosa nube
Que a la noche esclarecía;
Por eso quien la sabía
Queda siempre no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Este saber no sabiendo
Es de tan alto poder,
Que los sabios arguyendo
Jamás la pueden vencer;
Que no llega su saber
A no entender entendiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Y es de tan alta excelencia
Aqueste sumo saber,
Que no hay facultad ni ciencia
Que le puedan emprender;
Quien se supiere vencer
Con un no saber sabiendo,
Irá siempre trascendiendo.

   Y si lo queréis oír,
Consiste esta suma ciencia
En un subido sentir
De la divina Esencia;
Es obra de su clemencia
Hacer quedan no entendiendo,
Toda ciencia trascendiendo.





Glosa a lo Divino


   Sin arrimo y con arrimo,
Sin luz y a obscuras viviendo,
Todo me voy consumiendo.

   Mi alma está desasida
De toda cosa criada,
Y sobre sí levantada,
Y en una sabrosa vida,
Sólo en su Dios arrimada;
Por eso ya se dirá
La cosa que más estimo,
Que mi alma se ve ya
Sin arrimo y con arrimo.

   Y aunque tinieblas padezco
En esta vida mortal,
No es tan crecido mi mal,
Porque, si de luz carezco,
Tengo vida celestial;
Porque el amor de tal vida,
Cuando más ciego va siendo,
Que tiene el alma rendida,
Sin luz y a obscuras viviendo.

   Hace tal obra el amor,
Después que le conocí,
Que si hay bien o mal en mí,
Todo lo hace de un sabor,
Y al alma transforma en sí;
Y así, en su llama sabrosa,
La cual en mí estoy sintiendo,
Apriesa, sin quedar cosa,
Todo me voy consumiendo.


S. Juan de la Cruz, "Cántico espiritual y otros poemas", Buenos Aires, Ediciones del Mediodía, 1969.