jueves, 8 de diciembre de 2016

Claudia Masin, La cura


Potrillo


Cada uno carga su familia como los mendigos sus bolsas raídas,
esas cosas que ya no sirven para nada,
pero no se pueden abandonar: son parte del propio cuerpo,
del camino recorrido. Es difícil soltar lo que nos ha acompañado
tanto tiempo, aunque lastime y agobie y la espalda se incline
bajo el peso. Como si fuéramos la muesca diminuta
sobre el arma disparada en un pasado remoto,
en una tierra desconocida decidieron por nosotros, antes
de que naciéramos, hasta los muertos que tendríamos que llorar.
Pero si nos acompaña una multitud a cada paso, pienso,
el aislamiento no resuelve nada. Ni construir una cabaña
con las propias manos en el monte impenetrable,
darle la espalda al mundo y a los demás, volverse un paria
que ha rechazado su lugar entre los otros
para quedar libre de una deuda
que de todas maneras va a tener que pagar. Entonces,
si los cuerpos reunidos al principio
quedan atados por un nudo que atraviesa el tiempo, una cuerda
increíblemente firme, imposible de desatar,
¿cómo ser en la vida algo más que una especie
de fenómeno natural: un latigazo del cielo, un rayo
que destroza sin razón y sin sentido, o al revés,
una lluvia suave que reverdece el campo seco y trae alivio
a los cultivos casi muertos? Es decir,
¿cómo ser algo más que un impulso ciego
que actúa sin voluntad de hacer el bien ni el mal,
por pura inercia desprendida del pasado, de los terrores,
los deseos, las pasiones de la tribu?
A veces creo, pero es una cuestión de fe, no sé si es cierto,
que se puede construir una familia a partir de cosas ínfimas
que no forma parte de la historia contada
a través de las palabras o del cuerpo de los que amamos.
Que podríamos descender en el tiempo
hasta el instante en que aún no habían empezado ni la fealdad
ni el miedo, a través de una memoria física que nos devuelva
la humilde y pura gracia de respirar. Hablo
de atarnos a detalles tan insignificantes que no serían jamás
parte del drama y por eso mismo no podrían
convertirse en el hueso de tu infelicidad.
Sería tan distinto, claro,
si tu familia fuera el día en que conociste el verano,
la primera experiencia de alegría bajo un chorro de agua
en el sopor pesado de la siesta, el olor de la tierra mojada
y el contacto del pasto en los pies descalzos. La risa, levantándose
como la bruma del calor hacia lo alto. Si fuera tu destino ese punto
del pasado, ese resplandor que quedó grabado a fuego,
clavado en tu carne como la herradura en la pata de un caballo joven,
de un potrillo que en el momento de entrar al establo
se retoba y corre y es capaz de fugarse de la vida que le espera.




Río

Vuelve a erigir la casa y bordemos la historia,
Vuelve a contar mi vida.                                       
                                
Olga Orozco


Cuando era chica, a la hora de la siesta, no quedaba en la casa
ni una sola persona (salvo yo) despierta. A veces
algún hecho inesperado rompía la tranquilidad y había
que salir corriendo, contárselo a quien se pudiera:
ninguna cosa triste, hermosa o terrible– tiene sentido
si nadie más la está viendo. El día
en que pasaron un par de caballos viejos, llevados 
de las riendas por sus dueños, y entraron en el río
en medio del calor insoportable, conté la escena 
pero no dije nada de esas bestias lentas, que iban
con la cabeza gacha, cansadas de antemano,
acostumbradas a la obediencia. En mi relato
eran potrillos ariscos que habían llegado de lejos,
levantando una polvareda, una tropilla de lejos,
que había entrado corcoveando al agua a buscar el fresco.
¿Es siempre una mentira distorsionar
los hechos, inventarle a la vida una combinación, un orden,
un sentido diferentes? ¿Y si lo efectivamente sucedido
se disgregara una y otra vez al ser narrado
como una piedra erosionada por el viento,
hasta terminar reagrupando sus partículas
en una nueva historia, tan cierta
como la original? ¿Sería posible
hacer vacilar los hechos inconmovibles, derrumbarlos,
levantar otros en su lugar, igual de sólidos
o todavía más? Tal vez no compartimos relatos 
para hacernos conocer, ser transparentes
o sinceros, sino para inclinarnos junto a otra persona
sobre la vida que tuvimos y decirle: ¿ves?
acá es donde empezó el deterioro, donde me di por vencida
y acepté que la fealdad o la tristeza
eran irreversibles. Habría que volver atrás, entonces,
a inventar de nuevo la historia malograda,
a reparar lo que se ha roto y recomponer las paredes
precariamente sostenidas, los rebordes descuidados,
los lugares que quedaron abandonados o inconclusos,
como un albañil que maneja las herramientas toscas
con toda la delicadeza de la que es capaz
hasta que logra encontrar la forma
a la vez simple y hermosa 
de combinar los materiales con que cuenta
para transformar lo que estaba dañado, eso que todos decían
que no tenía arreglo.


Claudia Masin, La cura, Buenos Aires, Hilos Editora, 2015. 

jueves, 10 de noviembre de 2016

Rimbaud, un fragmento de "Cartas del vidente"


Rimbaud -15 años /Collage Ernest Pignon

—He aquí una prosa sobre el futuro de la poesía— Toda poesía antigua conduce a la poesía griega, Vida armoniosa. — Desde Grecia hasta el movimiento romántico, — hay letrados, versificadores. De Ennio a Theroldus, de Theroldus a Casimir Delavigne, todo es prosa rimada, un juego, decaimiento y gloria de innumerables generaciones de idiotas: Racine es el puro, el fuerte, el grande. — le hubiesen soplado en sus rimas, revuelto sus hemistiquios, el Divino Tonto sería hoy tan ignorado como cualquier primer autor de Orígenes. —Después de Racine, el juego se descompone. Duró dos mil años.

Ni broma ni paradoja. La razón me inspira más certezas sobre el tema que ataques de ira tuvo jamás un Joven-Francia. En cuanto al resto, ¡que los nuevos sean libres de aborrecer a los ancestros! Uno está en su casa y es dueño de su tiempo.

     Nunca se juzgó bien el romanticismo. ¿Quién lo habría juzgado? ¿Los críticos? ¿Los románticos, que tan bien demuestran que la canción es tan pocas veces la obra, es decir: el pensamiento cantado y comprendido del cantante?

     Pues Yo es otro. Si el cobre amanece en forma de clarín no es su culpa. Me resulta evidente: Asisto a la eclosión de mi pensamiento, lo miro, lo escucho. Lanzo un golpe de arco, la sinfonía se remueve en las profundidades o de un salto entra en escena.

    ¡Si los viejos imbéciles no hubieran descubierto del yo solamente el falso significado, no tendríamos que barrer estos millones de esqueletos que, desde un tiempo infinito, acumularon los productos de sus tuertas inteligencias, proclamándose sus autores!

   En Grecia, dije, versos y liras marcan el ritmo de la Acción. Luego, música y rimas son juegos, esparcimientos. El estudio de ese pasado hechiza a los curiosos: varios se contentan con renovar estas antigüedades: —es para ellos. La inteligencia universal siempre arrojó sus ideas, espontáneamente; los hombres recogían una parte de esos frutos del cerebro: se actuaba en consecuencia, se escribía libros a partir de ello: así se desarrollaba todo, el hombre no se trabajaba, no estaba aún despierto o no todavía a la plenitud del gran sueño. Funcionarios, escritores: autor, creador, poeta, ¡ese hombre nunca existió!

    La primera observación del hombre que quiere ser poeta es su propio conocimiento, completo; busca su alma, la examina, la pone a prueba, se la aprende. Apenas la sabe debe cultivarla, esto parece simple: en todo cerebro se lleva a cabo un desarrollo natural; tantos egoístas se proclaman autores; ¡y muchos otros se atribuyen su progreso intelectual! —Pero se trata de hacer monstruosa el alma: ¡como los comprachicos! Imagine un hombre que se implanta y se cultiva verrugas en el rostro.

      Yo digo que hay que ser vidente, hacerse vidente.

    El Poeta se hace vidente a través de un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Él mismo busca todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura, agota en él todos los venenos, para quedarse solamente con las quintaesencias. Inefable tortura en la que necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana donde se convierte, entre todos, en el gran enfermo, en el gran criminal, en el gran maldito, — ¡y en el supremo Sabio! — ¡Porque llega a lo desconocido! ¡Dado que cultivó su alma, ya rica, más que nadie! Llega a lo desconocido y aún cuando, enloquecido, terminara perdiendo la capacidad de comprender sus visiones, ¡ya las vio! ¡Que reviente el poeta en cada salto en busca de cosas inauditas e innombrables: otros horribles trabajadores vendrán y comenzarán por los horizontes en los que el otro se desplomó! 

Arthur Rimbaud, un fragmento de Cartas del Vidente, Traducción Carolina Massola



—Voici de la prose sur l’avenir de la poésie— Toute poésie antique aboutit à la poésie grecque, Vie harmonieuse. — De la Grèce au mouvement romantique, — moyen âge, —il y a des lettrés, des versificateurs. D’Ennius à Theroldus, de Theroldus à Casimir Delavigne, tout es prose rimée, un jeu, avachissement et gloire d’innombrables générations idiotes : Racine est le pur, le fort, le grand. — On eût soufflé sur ses rimes, brouillé ses hémistiches, que le Divin Sot serait aujourd’hui aussi ignoré que le premier venu auteur d’Origines. —Après Racine, le jeu moisit. Il a duré deux mille ans.

Ni plaisanterie, ni paradoxe. La raison m’inspire plus de certitudes sur le sujet que n’aurait jamais eu de colères un Jeune-France. Du reste, libre aux nouveaux ! d’exécrer les ancêtres : on est chez soi et l’on a le temps.

On n’a jamais bien jugé le romantisme. Qui l’aurait jugé ? Les critiques ! Les romantiques, qui prouvent si bien que la chanson est si peu souvent l’œuvre, c’est-à-dire la pensée chantée et comprise du chanteur ?

Car Je est un autre. Si le cuivre s’éveille clairon, il n’y a rien de sa faute. Cela m’est évident : j’assiste à l’éclosion de ma pensée : je la regarde, je l’écoute : je lance un coup d’archet : la symphonie fait son remuement dans les profondeurs, ou vient d’un bond sur la scène.

Si les vieux imbéciles n’avaient pas trouvé du moi que la signification fausse, nous n’aurions pas à balayer ces millions de squelettes qui, depuis un temps infini, ont accumulé les produits de leur intelligence borgnesse, en s’en clamant les auteurs !

    En Grèce, ai-je dit, vers et lyres rythment l’Action. Après, musique et rimes sont jeux, délassements. L’étude de ce passé charme les curieux : plusieurs s’éjouissent à renouveler ces antiquités : —c’est pour eux. L’intelligence universelle a toujours jeté ses idées, naturellement ; les hommes ramassaient une partie de ces fruits du cerveau : on agissait par, on en écrivait des livres : telle allait la marche, l’homme ne se travaillant pas, n’étant pas encore eveillé, ou pas encore dans la plenitude du grand songe. Des fonctionnaires, des écrivains : auteur, créateur, poète, cet homme n’a jamais existé !

      La première étude de l’homme qui veut être poète est sa propre connaissance, entière ; il cherche son âme, il l’inspecte, il la tente, l’apprend. Dès qu’il la sait, il doit la cultiver ; cela semble simple : en tout cerveau s’accomplit un developpement naturel ; tant d’égoïstes se proclament auteurs ; il en est bien d’autres qui s’attribuent leur progrès intellectuel ! —Mais il s’agit de faire l’âme monstreuse : à l’instar des comprachicos, quoi ! Imaginez un homme s’implantant et su cultivant des verrues sur le visage.

      Je dis qu’il faut être voyant, se faire voyant.

   Le Poète se fait voyant par un long, immense et raisonne dérèglement de tous les sens. Toutes les formes d’amour, de souffrance, de folie ; il cherche lui-même, il épuise en lui tous les poisons, pour n’en garder que les quintessences. Ineffable torture où il a besoin de toute la foi, de toute la force surhumaine où il devient entre tous le grand malade, le grand criminel, le grand  maudit, — et le suprême Savant !  — Car il arrive à l’inconnu ! Puisqu’il a cultivé son âme, déjà riche, plus qu’aucun ! Il arrive à l’inconnu, et quand, affolé, il finirait par perdre l’intelligence de ses visions, il les a vues ! Qu’il crève dans son bondissement par les choses inouïes et innommables : viendront d’autres horribles travailleurs ; ils commenceront par les horizons où l’autre s’est affaissé !



viernes, 30 de septiembre de 2016

Jacques Dupin







Gran viento




Sólo pertenecemos al sendero de montaña
Que serpentea al sol entre la salvia y el liquen
Y se lanza en la noche, camino de arista,
Al encuentro de las constelaciones.
Hemos acercado cimas.
El límite de las tierras arables,
Las semillas nos estallan en los puños
Las llamas nos entran en los huesos
¡Que el estiércol suba a cuestas de los hombres hasta nosotros!
¡Que la viña y el centeno repliquen
A la vejez del volcán!
Los frutos del orgullo, los frutos del basalto
Madurarán bajo los golpes
Que nos vuelven visibles.
La carne soportará lo que sufrió el ojo,
Lo que los lobos no soñaron
Antes de descender al mar



Grand Vent

Nous n’appartenons qu’au sentier de montagne
Qui serpente au soleil entre la sauge et le lichen
Et s’élance à la nuit, chemin de crête,
À la rencontre des constellations.
Nous avons rapproché des sommets
La limite des terres arables.
Les graines éclatent dans nos poings.
Les flammes rentrent dans nos os.
Que le fumier monte à dos d’hommes jusqu’à nous !
Que la vigne et le seigle répliquent
À la vieillesse du volcan !
Les fruits de l’orgueil, les fruits du basalte
Mûriront sous les coups
Qui nous rendent visibles.
La chair endurera ce que l’œil a souffert,
Ce que les loups n’ont pas rêvé
Avant de descendre à la mer.




La palabra


Tu súplica que repugna la facilidad de una trama empobrecida,
Vacila entre dos muertos.

Los márgenes se estrechan alrededor de tu lingote árido
Y ya, el último refugio, el follaje, arde,

Oh mi palabra en pérdida pura,
¡Mi palabra semejante a la retracción de un ala extrema sobre el mar!



La parole

Ton vœu qui répugne à l’aisance d’une trame appauvrie,
Balance entre deux morts.

Les marges se resserrent autour de ton lingot aride
Et déjà, le dernier refuge, le feuillage, flambe,

Ô ma parole en perte pure,
Ma parole semblable à la rétraction d’une aile extrême sur la mer !



El reino mineral

En este país el rayo hace germinar la piedra.

Sobre los pitones que dominan las gargantas
Torres en ruinas se alzan
Como otras tantas antorchas mentales encendidas
Que reavivan las noches de gran viento
El instinto de muerte en la sangre del labrante.

Todas las venas del granito
Van a desatarse en sus ojos.

El fuego jamás se salvará de nosotros,
El fuego que habla nuestra lengua.



Le Règne minéral

Dans ce pays la foudre fait germer la pierre.

Sur les pitons qui commandent les gorges
Des tours ruinées se dressent
Comme autant de torches mentales actives
Qui raniment les nuits de grand vent
L’instinct de mort dans le sang du carrier.

Toutes les veines du granit
Vont se dénouer dans ses yeux.

Le feu jamais ne guérira de nous,
Le feu qui parle notre langue.

                                                 
                                                 Traducción/Versión de Carolina Massola


Jacques Dupin, Gravir, París, Gallimard, 1963 



martes, 6 de septiembre de 2016

Mauro Lo Coco (traduit en français)

good days, bad days



hoy entendí que soy yo
quien decide cuándo empiezan
los días lindos

es cuando me despierto sin ganas
de morirme por primera vez
en unos meses

entonces
me habita un entusiasmo insólito
para elegir
una camisa que me hará ver
nuevo y vital

el tiempo
se empieza a poner lindo
cuando me miro al espejo
marco el número
para reservar un turno con esther
para hacerme el mismo corte de siempre
tendremos luego
un duelo de chistes
para aceptar que
yo tengo menos pelo
y ella escucha menos cada vez
así nos divertimos

los mejores días están a punto de empezar
cuando decido
barrer el balcón
tirar las hojas secas que tapan
la rejilla entonces
me convenzo
de que al fin
las plantas van a crecer
como debe ser
sumisas, en paz
y en la dirección
que les ordeno

traer los días lindos
me lleva mucho trabajo
por eso
tengo que encontrar el momento
y el momento
es cuando estoy

bañado
vestido
peinado
afeitado

con la casa y el cuarto limpios
ahí abro las ventanas
ventilo, entonces sí
salgo al balcón
me siento a mirar el sol
digo que llegó el momento
y sonrío






good days, bad days

aujourd’hui j’ai compris que c’est moi
qui décide quand commencent
les beaux jours

c’est quand je me réveille sans l’envie
de mourir pour la première fois
depuis des mois

alors
s’installe un enthousiasme insolite
pour choisir
une chemise qui me fera voir
nouveau et vital

le temps
commence à devenir beau
quand je me regarde dans le miroir
je compose le numéro
pour prendre un rendez-vous avec esther
et me faire la même coupe que d’habitude
nous aurons ensuite
un duel de blagues
qui nous fera accepter que
j’ai moins de cheveux
et qu’elle entend de moins en moins bien
ainsi nous nous amusons

les meilleurs jours sont sur le point de commencer
quand je décide
de balayer le balcon
de jeter les feuilles sèches qui bouchent
la grille alors
je suis convaincu
qu’enfin
les plantes vont pousser
comme il faut
soumises, en paix
et dans la direction
que je leur impose

ramener les beaux jours
me demande beaucoup d’efforts
c’est pourquoi
je dois trouver le moment
et le moment
c’est quand je suis

douché
habillé
coiffé
rasé

la maison et la chambre propres
alors là j’ouvre les fenêtres
j’aère, et alors oui
je sors sur le balcon
je m’assois et je regarde le soleil
je dis que le moment est arrivé
et je souris

                                               (traduit en français par Carolina Massola et Benal)


Mauro Lo Coco, "Mi sabiduría es arruinarla", Bs.As., Zindo & Gafuri, 2015.

miércoles, 24 de agosto de 2016

San Juan de la Cruz


Coplas del alma que pena por ver a Dios


    Vivo sin vivir en mí,
Y de tal manera espero,
Que muero porque no muero.

   En mí yo no vivo yo,
Y sin Dios vivir no puedo;
Pues sin Él y sin mí quedo,
Este vivir ¿qué será?
Mil muertes se me hará,
Pues mi misma vida espero,
Muriendo porque no muero.

   Esta vida que yo vivo
Es privación de vivir;
Y así, es continuo morir
Hasta que viva contigo;
Oye, mi Dios, lo que digo,
Que esta vida no la quiero;
Que muero porque no muero.

   Estando ausente de Ti,
¿Qué vida puedo tener,
Sino muerte padecer,
La mayor que nunca vi?
Lástima tengo de mí,
Pues de suerte persevero,
Que muero porque no muero.

   El pez que del agua sale,
Aun de alivio no carece,
Que la muerte que padece,
Al fin la muerte le vale;
¿Qué muerte habrá que se iguale
A mi vivir lastimero,
Pues si más vivo más muero?

   Cuando me pienso aliviar
 De verte en el Sacramento,
Háceme más sentimiento
El no poderte gozar;
Todo es para más penar,
Por no verte como quiero,
Que muero porque no muero.

   Y si me gozo, Señor,
Con esperanza de verte,
En ver que puedo perderte
Se me dobla mi dolor;
Viviendo en tanto pavor,
Y esperando como espero,
Muérome porque no muero.

   Sácame de aquesta muerte,
Mi Dios, y dame la vida;
No me tengas impedida
En este lazo tan fuerte;
Mira que peno de verte,
Y mi mal es tan entero,
Que me muero porque no muero.

   Lloraré mi muerte ya,
Y lamentaré mi vida
En tanto que detenida
Por mis pecados está.
¡Oh mi Dios! ¿Cuándo será?
Cuando yo diga de vero:
Vivo ya porque no muero.





Coplas Sobre un Éxtasis de Alta Contemplación


   Entréme donde no supe,
Y quedéme no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Yo no supe dónde entraba,
Porque, cuando allí me vi,
Sin saber dónde me estaba,
Grandes cosas entendí;
No diré lo que sentí,
Que me quedé no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   De paz y de piedad
Era la ciencia perfecta,
En profunda soledad,
Entendida vía recta;
Era cosa tan secreta,
Que me quedé balbuciendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Estaba tan embebido,
Tan absorto y ajenado,
Que se quedó mi sentido
De todo sentir privado;
Y el espíritu dotado
De un entender no entendiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   El que allí llega de vero,
De sí mismo desfallece,
Cuanto sabía primero
Mucho bajo le parece;
Y su ciencia tanto crece,
Que se queda no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Cuanto más alto se sube,
Tanto menos entendía
Qué es la tenebrosa nube
Que a la noche esclarecía;
Por eso quien la sabía
Queda siempre no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Este saber no sabiendo
Es de tan alto poder,
Que los sabios arguyendo
Jamás la pueden vencer;
Que no llega su saber
A no entender entendiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Y es de tan alta excelencia
Aqueste sumo saber,
Que no hay facultad ni ciencia
Que le puedan emprender;
Quien se supiere vencer
Con un no saber sabiendo,
Irá siempre trascendiendo.

   Y si lo queréis oír,
Consiste esta suma ciencia
En un subido sentir
De la divina Esencia;
Es obra de su clemencia
Hacer quedan no entendiendo,
Toda ciencia trascendiendo.





Glosa a lo Divino


   Sin arrimo y con arrimo,
Sin luz y a obscuras viviendo,
Todo me voy consumiendo.

   Mi alma está desasida
De toda cosa criada,
Y sobre sí levantada,
Y en una sabrosa vida,
Sólo en su Dios arrimada;
Por eso ya se dirá
La cosa que más estimo,
Que mi alma se ve ya
Sin arrimo y con arrimo.

   Y aunque tinieblas padezco
En esta vida mortal,
No es tan crecido mi mal,
Porque, si de luz carezco,
Tengo vida celestial;
Porque el amor de tal vida,
Cuando más ciego va siendo,
Que tiene el alma rendida,
Sin luz y a obscuras viviendo.

   Hace tal obra el amor,
Después que le conocí,
Que si hay bien o mal en mí,
Todo lo hace de un sabor,
Y al alma transforma en sí;
Y así, en su llama sabrosa,
La cual en mí estoy sintiendo,
Apriesa, sin quedar cosa,
Todo me voy consumiendo.


S. Juan de la Cruz, "Cántico espiritual y otros poemas", Buenos Aires, Ediciones del Mediodía, 1969.




martes, 5 de julio de 2016

Horacio Castillo


Apenas por un poco más de luz


Hemos sido mucho tiempo prisioneros de los conceptos.
Demasiados han muerto por una palabra,
o menos, por su sombra,
para seguir haciéndolo.

Seamos honestos: luchamos, sí,
pero apenas por un poco más de luz,
la dignidad de haberlo intentado.






Al  pie de la letra


Ciudadanos: he sido probo. Escrupulosamente hice
lo que la ley no prohíbe y no hice lo que prohíbe,
de tal manera que podéis considerarme un hijo dilecto,
uno más e los que cerraron su oído al motín, el
        corazón a la aventura.
Cada vez que la ciudad dijo sí, dijeron sí mis labios,
y dije no cada vez que la ciudad dijo no.
¿Quién me ha visto discrepando en las asambleas?
¿Quién conoce la naturaleza de mi causa?
¿Quién se agravia del pro o el contra?
Nadie puede levantar un dedo contra mí,
nadie ofrecer prueba, dar testimonio, torcer hechos,
        proferir injuria,
y quien lo hiciese atraería sobre su temeridad unánime
        sanción,
porque nadie, ciudadanos, me conoce como vosotros,
y nadie como vosotros sabe que he cumplido al pie de
        la letra
ahorrando a la ciudad un verdugo, al porvenir un héroe.





Ladrón de ojos escarlata


Yo, el marrano, el traidor, el ladrón de ojos escarlata,
diré el secreto de mi longevidad:
boca arriba, contra las gargantas del cielo,
devoro los huevos de la luz.
Yo bebo la agria copa del mediodía,
yo desciendo a los nidos del atardecer,
yo apareo la ardiente hembra de la madrugada.
Yo, el marrano, el traidor, el ladrón de ojos escarlata,
saqueo el sueño de los niños,
y como un tábano sobre el lomo del universo
mantengo libre el mal, joven al mundo.





Navegante solitario


Desde ahora, cada milla que navegue hacia el oeste
me alejará de todo. Han desaparecido las señales
de vida: ni peces, ni pájaros, ni sirenas,
ni una cucaracha zigzagueando en la cubierta.
Sólo agua y cielo, el horizonte destruido,
el mar, que canta como yo siempre la misma canción.
Ni peces, ni pájaros, ni sirenas,
ni esa extraña conversación en la sentina
que el oído percibe en las horas de calma.
Sólo agua y cielo, el rolido del tiempo.
A la noche, la estrella Achernar aparece en la proa;
entre los obenques, Aldebarán; a estribor,
un poco más arriba del horizonte,
Aries. Entonces arrío, duermo. Y la nada,
mansamente, viene a comer de mi mano.





Elegía


Escucha el canto del ciego amenazado de muerte.
El viento dispersa un pueblo de hojas cifradas
y sobre la colina, a lo lejos, la hoguera de silencio.
Hay algo corroído aquí, todo huele a humedad
y agua estancada, a raíces podridas.
Las manos, torpes, recogen los últimos fragmentos:
espíritu, alma, cuerpo, pura tribulación,
y el galope del caballo por la pradera devastada.
Despídete del jardín, despídete del escarabajo
que nada placenteramente a la sombra del nogal,
llora por la suerte de la apática piedra
y pregunta al que queda: tierra o fuego.
Ya no hay lengua bajo el elegíaco sol.
Sólo estertores, aire suficiente para una bocanada
antes de que calle lo que nació para callar.


Castillo Horacio, "Por un poco más de luz: Obra poética 1974/2005", Córdoba, Brujas, 2005.












domingo, 8 de mayo de 2016

Watanabe


Bosque de piedras


El mundo aún no alcanza
su total y cerrada dureza de piedra.
Todavía sobrevive algo que se contrae
y se distiende debajo de algunas superficies
y fluye un cierto frescor de aguas remotas
y se escuchan tejidos agonizando
entre la yerba dura de las montañas.
Pero en este borde vacilante
ya ninguna forma tiene voz para gritar.




Última noticia


Ésta es tu última noticia, cuerpo:
una radiografía de tus pulmones, brumas
inquietantes, manchas de musgo sobre la nieve sucia.

La tierra espera que algún día
todos los órganos, como los perros, la husmeen
buscando la yerba benéfica. Tus pulmones,
entre hojas sedosas,
lucirán sanos y tersos como recién nacidos
y concertarán con un joven buey
el ritmo amplio de su respiración. Al fondo
habrá un cielo luminoso y ninguna sombra,
sobre todo ninguna sombra aciaga.




El algarrobo


El sol ha regresado esta tarde al desierto
como una fiera radiante. Viéndolo así,
tan furioso, se diría que viene de calcinar toda la tierra.

Ha venido a ensañarse
donde todo ya parece agonizar. Huyeron
del repaso de los muertos el zorro gris, los alacranes
y la invisible serpiente de arena.
Sólo el algarrobo, acostumbrado como está
a su vida intensa pero precaria, ha permanecido quieto,
solitario entre las dunas innumerables.

Este árbol nudoso, en su crecimiento
ha fijado posturas inconcebibles: alguna vez
cimbró la cintura como un danzante joven y desmañado,
alguna vez, aturdido,
estiró erráticamente los brazos retorcidos,
alguna vez dejó caer una rama en tierra como una rendición.
No hay cuerpo más torturado.
Lo único feliz en él es su altísima cabellera verde que va
donde el viento quiere que vaya.

El algarrobo me pone frente al lenguaje.
En este paisaje tan extremadamente limpio
no hay palabras. Él es la única palabra
y el sol no puede quemarla en mi boca.




Basho


El estanque antiguo,
ninguna rana.
El poeta escribe con su bastón en la superficie.
Hace cuatro siglos que tiembla el agua.





La isla


Nadé hasta la pequeña isla deshabitada
cuando el mar estaba muy calmo
y el sol infundía en mi cuerpo una espléndida confianza.
Cansado, dormí sobre una roca combada.

La marea alta me sorprendió. Desperté
cuando las corrientes giraban alrededor de la isla
como una inmensa furia.
Decidí esperar la marea baja del amanecer
y me acomodé casi desnudo entre las rocas
como un animal prudente.

La noche vino con una ficción: la isla
se hizo flotante
y empezó a viajar en la bruma que viene del trópico.
Durante toda la noche, rápidos cangrejos,
en cuyas caparazones brillaba la luna,
devoraron minuciosamente
algo muerto y grande, se diría un caballo imposible.
El oleaje traía peces repugnantes
que adherían sus vientres a las piedras, y otro oleaje
los devolvía a las aguas turbulentas.
Las aves marinas se posaban según la hora de cada una,
las que no tienen canto danzaban
con torpeza, otras, de pico rojo, se restregaban entre ellas
como si hubieran llegado de un festín carnívoro.
Un lobo marino solitario comenzó un llamado bronco
e intermitente
y en algún lugar, en alguna sentina, una gaviota carroñera
cantó.

De pronto asomó el sol, optimista como un niño idiota.


José WatanabeBanderas detrás de la niebla, Lima, Peisa, 2011.
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