martes, 5 de julio de 2016

Horacio Castillo


Apenas por un poco más de luz


Hemos sido mucho tiempo prisioneros de los conceptos.
Demasiados han muerto por una palabra,
o menos, por su sombra,
para seguir haciéndolo.

Seamos honestos: luchamos, sí,
pero apenas por un poco más de luz,
la dignidad de haberlo intentado.






Al  pie de la letra


Ciudadanos: he sido probo. Escrupulosamente hice
lo que la ley no prohíbe y no hice lo que prohíbe,
de tal manera que podéis considerarme un hijo dilecto,
uno más e los que cerraron su oído al motín, el
        corazón a la aventura.
Cada vez que la ciudad dijo sí, dijeron sí mis labios,
y dije no cada vez que la ciudad dijo no.
¿Quién me ha visto discrepando en las asambleas?
¿Quién conoce la naturaleza de mi causa?
¿Quién se agravia del pro o el contra?
Nadie puede levantar un dedo contra mí,
nadie ofrecer prueba, dar testimonio, torcer hechos,
        proferir injuria,
y quien lo hiciese atraería sobre su temeridad unánime
        sanción,
porque nadie, ciudadanos, me conoce como vosotros,
y nadie como vosotros sabe que he cumplido al pie de
        la letra
ahorrando a la ciudad un verdugo, al porvenir un héroe.





Ladrón de ojos escarlata


Yo, el marrano, el traidor, el ladrón de ojos escarlata,
diré el secreto de mi longevidad:
boca arriba, contra las gargantas del cielo,
devoro los huevos de la luz.
Yo bebo la agria copa del mediodía,
yo desciendo a los nidos del atardecer,
yo apareo la ardiente hembra de la madrugada.
Yo, el marrano, el traidor, el ladrón de ojos escarlata,
saqueo el sueño de los niños,
y como un tábano sobre el lomo del universo
mantengo libre el mal, joven al mundo.





Navegante solitario


Desde ahora, cada milla que navegue hacia el oeste
me alejará de todo. Han desaparecido las señales
de vida: ni peces, ni pájaros, ni sirenas,
ni una cucaracha zigzagueando en la cubierta.
Sólo agua y cielo, el horizonte destruido,
el mar, que canta como yo siempre la misma canción.
Ni peces, ni pájaros, ni sirenas,
ni esa extraña conversación en la sentina
que el oído percibe en las horas de calma.
Sólo agua y cielo, el rolido del tiempo.
A la noche, la estrella Achernar aparece en la proa;
entre los obenques, Aldebarán; a estribor,
un poco más arriba del horizonte,
Aries. Entonces arrío, duermo. Y la nada,
mansamente, viene a comer de mi mano.





Elegía


Escucha el canto del ciego amenazado de muerte.
El viento dispersa un pueblo de hojas cifradas
y sobre la colina, a lo lejos, la hoguera de silencio.
Hay algo corroído aquí, todo huele a humedad
y agua estancada, a raíces podridas.
Las manos, torpes, recogen los últimos fragmentos:
espíritu, alma, cuerpo, pura tribulación,
y el galope del caballo por la pradera devastada.
Despídete del jardín, despídete del escarabajo
que nada placenteramente a la sombra del nogal,
llora por la suerte de la apática piedra
y pregunta al que queda: tierra o fuego.
Ya no hay lengua bajo el elegíaco sol.
Sólo estertores, aire suficiente para una bocanada
antes de que calle lo que nació para callar.


Castillo Horacio, "Por un poco más de luz: Obra poética 1974/2005", Córdoba, Brujas, 2005.












domingo, 8 de mayo de 2016

Watanabe


Bosque de piedras


El mundo aún no alcanza
su total y cerrada dureza de piedra.
Todavía sobrevive algo que se contrae
y se distiende debajo de algunas superficies
y fluye un cierto frescor de aguas remotas
y se escuchan tejidos agonizando
entre la yerba dura de las montañas.
Pero en este borde vacilante
ya ninguna forma tiene voz para gritar.




Última noticia


Ésta es tu última noticia, cuerpo:
una radiografía de tus pulmones, brumas
inquietantes, manchas de musgo sobre la nieve sucia.

La tierra espera que algún día
todos los órganos, como los perros, la husmeen
buscando la yerba benéfica. Tus pulmones,
entre hojas sedosas,
lucirán sanos y tersos como recién nacidos
y concertarán con un joven buey
el ritmo amplio de su respiración. Al fondo
habrá un cielo luminoso y ninguna sombra,
sobre todo ninguna sombra aciaga.




El algarrobo


El sol ha regresado esta tarde al desierto
como una fiera radiante. Viéndolo así,
tan furioso, se diría que viene de calcinar toda la tierra.

Ha venido a ensañarse
donde todo ya parece agonizar. Huyeron
del repaso de los muertos el zorro gris, los alacranes
y la invisible serpiente de arena.
Sólo el algarrobo, acostumbrado como está
a su vida intensa pero precaria, ha permanecido quieto,
solitario entre las dunas innumerables.

Este árbol nudoso, en su crecimiento
ha fijado posturas inconcebibles: alguna vez
cimbró la cintura como un danzante joven y desmañado,
alguna vez, aturdido,
estiró erráticamente los brazos retorcidos,
alguna vez dejó caer una rama en tierra como una rendición.
No hay cuerpo más torturado.
Lo único feliz en él es su altísima cabellera verde que va
donde el viento quiere que vaya.

El algarrobo me pone frente al lenguaje.
En este paisaje tan extremadamente limpio
no hay palabras. Él es la única palabra
y el sol no puede quemarla en mi boca.




Basho


El estanque antiguo,
ninguna rana.
El poeta escribe con su bastón en la superficie.
Hace cuatro siglos que tiembla el agua.





La isla


Nadé hasta la pequeña isla deshabitada
cuando el mar estaba muy calmo
y el sol infundía en mi cuerpo una espléndida confianza.
Cansado, dormí sobre una roca combada.

La marea alta me sorprendió. Desperté
cuando las corrientes giraban alrededor de la isla
como una inmensa furia.
Decidí esperar la marea baja del amanecer
y me acomodé casi desnudo entre las rocas
como un animal prudente.

La noche vino con una ficción: la isla
se hizo flotante
y empezó a viajar en la bruma que viene del trópico.
Durante toda la noche, rápidos cangrejos,
en cuyas caparazones brillaba la luna,
devoraron minuciosamente
algo muerto y grande, se diría un caballo imposible.
El oleaje traía peces repugnantes
que adherían sus vientres a las piedras, y otro oleaje
los devolvía a las aguas turbulentas.
Las aves marinas se posaban según la hora de cada una,
las que no tienen canto danzaban
con torpeza, otras, de pico rojo, se restregaban entre ellas
como si hubieran llegado de un festín carnívoro.
Un lobo marino solitario comenzó un llamado bronco
e intermitente
y en algún lugar, en alguna sentina, una gaviota carroñera
cantó.

De pronto asomó el sol, optimista como un niño idiota.


José WatanabeBanderas detrás de la niebla, Lima, Peisa, 2011.
,

viernes, 29 de enero de 2016

3 poemas inéditos de Paulina Vinderman




Amar a un árbol no es sólo un recurso, Juan, *
es un destino.
Las manos de la noche buscan el alba
para ver su tronco y el poema que queda
es un error pintado en plena furia.
Por la calle Acevedo pasa la niña que fui
con su saquito verde y su cuerpo invisible.
¿Qué sé ahora que no supe entonces?
Caminé palabras, camino palabras,
hay una fìesta de estrellas en mi boca
con guirnaldas de agua.


                                                          * Juan Gelman







No es la madrugada la que me trae el estado
de escritura, es la escritura la que empuja
a la madrugada sobre la mesa.
La luz sobre la taza interrumpe la oscuridad
y crea un bodegón junto al reloj.
¿Cuáles serán los gestos del porvenir?
Esperar el sol, encender el fuego, lavar
los animales que hay en mí.
¿Y el poema?
Siempre herencia, nunca devastación.
Está allá fuera con su pena gastada.






Siempre fui valiente, te digo.
Y los ojos de mi padre se asoman
por el acantilado de los míos, un poco turbios.
No le gustaba ese espejo donde mirarse.
El amor se le cerraba en el pecho
y tal vez lloraba dentro suyo como mi gato y yo,
en la orilla donde nos dejaste.

En el mundo siempre encontraré cardos azules,
ríos para cruzar y un lago de sangre donde dormir,
pensaban mis manos.
Mi impaciencia me lo dará todo: árboles y bolsos,
sueños improvisados, no tu amor, padre,
jamás tu amor.

La música de la tierra es mi desborde
y mi olvido.
En el desierto siempre seré un grano de más.    

                                                           a Carolina Massola


©Paulina Vinderman



jueves, 3 de diciembre de 2015

Selva Casal, segunda entrega


Estoy pero no estoy

Ni el aire ni la tierra
Ni los hombres que habito llegarán a explicarme
Atravesé los bosques más profundos
Ya está olvidado todo lo aprendido
Todo lo aprendido en los mapas y los caleidoscopios
Debimos haber vivido juntos
Escalar las montañas cruzar los ríos
Yo no develaré tu rostro
Guardaré el secreto
Todos los bosques te pertenecieron
Vi amanecer la noche
Estoy y ya no estoy
Los deberes oscuros la sapiencia
El rumor de la puerta
Los siglos que vendrán
Cuando ya nadie pregunte por nosotros
Los asesinados
Cuando nada se pueda decir y caigan cuerpos estremecidos por la ira
El mundo demencial
Estalla
Resucitando muertos
Donde el tiempo no existe
De amor te sabe el aire
Y la montaña
Y el color de una foto
Como un gran cuchillo nos abre la memoria.



Saber que nada es cierto

Saber que nada de lo que vivo es cierto
Ampararse en la nada
Esto es la zozobra
Los días como piedras preciosas navegan
Desde un dios imposible
Esta carga terrible es un lugar de asombro
Existe dijo Él
Y yo existí
No es de tarde no es de noche
Y sin embargo espero
No sé qué pero espero
Mis ancestros deliran
Querían que yo fuera torero
O pastor entre las ramas verdes
Y encontrar aquella oveja que un día se perdió para siempre
Pero nadie puede decirle a un hombre nada
Yo pienso en mis ancestros
Culpables inocentes de tanto dolor de tanta alegría
Me gustaría abrazarles
Decirles que aun no sabemos
Ni de las estrellas
Ni de la vida
Ni del amor
Que como ellos al abrir los ojos cada mañana nos descubrimos solos.


Selva Casal, Biografía de un Arcángel, Montevideo, Estuario Editora,2012.


El miedo

El miedo de morir
el miedo de los cuartos oscuros
el miedo visceral
el miedo de la fama
el miedo del fracaso
qué es el miedo
una palabra encantadora y trágica
por la que descubrí una noche
con un rugir tremendo en mis entrañas
el miedo
porque está el miedo estamos
nos impide volar
ser nube
no nos deja ser como queremos
impersonales libres
el miedo tiene miedo
que nosotros podamos descubrir tanta belleza
tanto ser equilibrado y solo.


Uno no olvida nada

Uno no olvida nada
nadie olvida y no se sabe cómo
se construye una ciudad gigante
con huesos desencuentros
todo es invisible
nuestros ojos el aire
los golpes aquel día
desparece amor
no declares tu furia
no asoles enemigo mis últimas ventanas.


Los últimos ángeles de la tarde

En este lugar maravilloso vive la tristeza
maravillosos son los días que transcurren
y no sé por qué
yo tenía un sombrero con cerezas
un tío que se llamaba Juan
en el jardín enterraba los pájaros muertos
que siempre resucitaban eso era seguro
nada de esto volverá a ocurrir
no obstante eso respiro todavía
no me acostumbraré jamás ni a la muerte ni a la vida
si me siento a llorar dirán que estoy loca
si me quedo callada también
y tú dónde estás quién eres
por qué lees este poema
algunas flores se despiertan tarde
no puedo abandonar pensamientos de la nada
porque no sé lo que es morir y apenas lo sospecho
hoy que es lunes que es martes que es siempre
no sé a quién le hablo
ni por qué se suicidan de amor
mi casa no es mi casa
como si todos hubieran desaparecido por encanto
para después reencarnarse en locos vagabundos
para así atrapar
a los últimos ángeles de la tarde.


Selva Casal, En este lugar maravilloso vive la tristeza, Montevideo, Estuario Editora, 2011.
Selección Carolina Massola

martes, 10 de noviembre de 2015

Selva Casal, primera entrega


Cuadernos

Con un cuaderno donde escribes tus sueños
Padre nuestro hijo
Oremos con poesía pan y barro
Fui madre hijo tigre en la maleza
Asesino alevoso
La eternidad descalza
Grito descarnado hueso puro
Y de tus pies ausencia
No sé ser otro no sé ser nada
Por un campo de trigo emocionado
Sobrevuelan cabezas
Miles de águilas miden la distancia
La infinita distancia que hay entre las cosas
Yo que nací por casualidad
En medio del jardín separando cabezas
Cabezas que eran y no son
Yo que meditaba y creía en la lluvia
En las palabras ciertas amaba el viento
Tengo un duende en las venas
Un mar sin fin que arremete y me arroja
Allí donde no hay tabla de sumar ni de multiplicar
Una mujer se arroja al río
Los árboles afirman que es verano
Yo que nunca maté a nadie
O tal vez sí de amor y de tristeza
Digo: nada de grandilocuencia
La verdad sólo la verdad
Basta de libros falsos
Menos conferencias
Clausuremos la solemnidad.



Soy

Soy todo lo que veo
Lo que miro
Árbol río hombre
Distancia planetaria
Qué engranaje secreto
Habita la flor
La mujer homicida
Que quedó impune
Siempre
El diente del dinosaurio
Descubierto bajo una tormenta
De nieve y fuego
El hombre aullando en una hoguera
El desaparecido
Y el que lo hizo desaparecer.



Nadie

Nadie podrá explicarme
El lugar que no se puede concebir
Es el nombre de Jesús
La hora de la salvación
Si sólo hubieras pronunciado una palabra
Este poema arrasado por el fuego
Desecho por la lluvia
Escrito con piedras
Con la furia de los animales en celo
El aullido triste del hombre primitivo
De la luz primitiva
Hay que olvidarlo todo
A ver si así podemos
Los padres torturan a sus hijos
Y los aman
Si sólo por un segundo
Pensaras
Que sólo has engendrado
Polvo para los siglos
A quién amarás.



Al principio fue el caos

Recuerdo el abismo
El caer sin cesar
Cómo es nacer
quien crece entre los lirios
Sólo recordará su origen
Y olvidará todo lo demás
Porque nada
Nada existe
Las lombrices tienen cinco pares de corazones
Y nosotros un solo corazón
Me valgo de las palabras
Y después tiro las palabras
Así devoro todo
y lo extermino.



Me hablan

Me hablan desde lugares lejanos
Hablan a mi oído cantan
Nadie podrá jamás descifrar esa voz
Me hablan desde lugares perdidos
Y yo sin poder hacer nada
Escucho estática
Sólo veo su rostro apagado
La tierra es el país más desolado
Los amantes no se encontrarán jamás
Y yo vagando dentro
Pienso que la sangre perdura
Los autos albergan maldades
Me hablan
Segura estoy de saberme en otra realidad
Donde soy y no soy al mismo tiempo
Caen millones de astros
Sobre los hombres que vendrán.


Selva Casal, Biografía de un Arcángel, Montevideo, Estuario Editora, 2012.
Selección Carolina Massola


domingo, 11 de octubre de 2015

Sor Juana Inés de la Cruz


Que da medio para amar sin mucha pena 


Yo no puedo tenerte ni dejarte,
ni sé por qué, al dejarte o al tenerte,
se encuentra un no sé qué para quererte
y muchos sí sé qué para olvidarte.

Pues ni quieres dejarme ni enmendarte,
yo templaré mi corazón de suerte
que la mitad se incline a aborrecerte
aunque la otra mitad se incline a amarte.

Si ello es fuerza querernos, haya modo,
que es morir el estar siempre riñendo:
no se hable más en celo y en sospecha,

y quien da la mitad, no quiera el todo,
y cuando me la estás allá haciendo,
sabe que estoy haciendo la deshecha.




Prosigue el mismo asunto, y determina que prevalezca la razón contra el gusto


Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mate,
y mato al que me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo, por mejor partido, escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
que, de quien no me quiere, vil despojo.


Quéjase de la suerte: Insinúa su aversión a los vicios, y justifica su divertimiento
a las musas


En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?

Yo no estimo tesoros ni riquezas;
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi pensamiento
que no mi pensamiento en las riquezas.

Y no estimo hermosura que, vencida,
es despojo civil de las edades,
ni riqueza me agrada fementida,

teniendo por mejor, en mis verdades,
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.



Hombres necios que acusáis


Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y queja enhorabuena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.


Sonetos completos, Buenos Aires, Iterzona, 2013 -a excepción de "Hombres necios que acusáis"-

domingo, 23 de agosto de 2015

Ana Lafferranderie, "Día primero"

fotografía de Marilina Castañeda














Atrapar el agua podría ser uno de los gestos de réplica a estos poemas. Atrapar el agua y con ella ese movimiento que cede ante lo que no se puede llevar a cabo, no de manera exacta o completa. Casi como el acto imposible de retener el aire en la mano, cada instante o cada movimiento… o incluso lo que queda de nosotros en cada uno de esos movimientos. ¿En cuántos mundos vive un poeta? ¿Y cómo se desliza hasta esos otros mundos? Es el detalle el que lleva y empuja hacia allí y es el poeta el encargado de descifrar estos pasajes por donde nos enseña a deslizarnos Ana Lafferranderie en "Día primero".


Estabas frente al gran mundo, sólo viste
pequeños movimientos de un cuerpo agitándose.
Ese es tu acento, un detalle
te lleva a tantos lados
y no hay manera de regresar completa,
siempre algo tuyo se queda en otro sitio
desperdigándote.

Una ligera agitación te trajo
de vuelta a este momento, ves pasar
los diminutos peces
sobre un declive mínimo del agua, te vas
tras el reflejo de una rama elástica,
la travesía de una forma.


El poema se instala en mí junto con la pregunta; ¿pero hay manera acaso de regresar completa?, mientras ya estoy yéndome, mientras me lleva esta voz sutil y potente a la vez hacia ese "declive del agua", la siento como una ola sutil, así, como se va presentando este decir, como ese "declive mínimo del agua" que nos trajo. Así, esta voz es una voz que invita a irse con ella, a buscar el reflejo, el ínfimo parecer de las cosas en todas sus variaciones, para renacer, para traer algo nuevo una y cada vez…


Desde la ventanilla ve pasar
calles, colores esporádicos
la imagen de la madre en el andén
haciendo frente a esa retirada.

Fija la vista en la línea de la ruta,
modos precarios de sí misma sucediéndose.
Algo la habrá animado, una palabra
para el giro de las ruedas, avisos
de la luz detrás del cerro,
al pasar el puente se siente reír.

Reclina de a poquito el respaldo,
se entrega al círculo blanco del descanso,
después son los rituales del viaje confortable
que hacen espacio para un giro adentro
y entonces (¿no es la vida?)
el pensamiento
conforma algo de un día primero,
una pequeña variación que ayude a recomenzar.


Hay una forma que varía en el transcurso de los poemas y cada variación trae otro movimiento, uno nuevo. El movimiento y lo estático se unen en un punto, tal vez en donde se detiene la mirada… Entonces descubrimos que toda esa sutileza de los poemas que nos hamaca está en ese mostrar cómo lo quieto y lo volátil son la misma cosa. En el poema esto se conjuga:


Fue tan simple ese día, saltabas por la casa.
Llegó con la forma de un lugar ansiado,
era tu misma sorpresa desbocándote.
La conocés más íntima,
resurge algunas noches cuando todo
parece detenerse.
Es el triunfo de una pequeña euforia.
Te conduce liviana, abiertos los sentidos
hasta que una puntada muy fina te atraviesa

y con ella o por ella te hundís en ese aire,
en tu forma más blanda, para que dure.


De lo que nos habla la poeta es precisamente del instante, ese que deviene otro instante y otra forma y lo que se va es, definitivamente, lo que se queda en el poema, como una estela inaprensible de la vida. Ana Lafferranderie ensaya la captura de ese tiempo y nos lo entrega como una ofrenda…


Todo lo que ahora niegues va a temblar.
Es tan delgado el hilo que se enhebra
con la vista prendida en el instante.
Tu forma de estar en el mundo
alguna vez se irá, cualquiera sea.
Podés soltar el botón de la blusa,
buscar tu imagen en el reflejo del vidrio,
imaginar los meses que vendrán
con la avidez de querer llegar a todo:

van a seguir pasando nubes a punto de caer.
Nubes y pájaros,
y cada partícula en su único trayecto.



***


Todo convive aquí, todo desplaza
la quietud receptiva de esa silla
la grieta del primer escalón.
La trampa de contar los minutos,
cada mañana de ir y venir.
Un gesto que es el mismo y no parece
esa ventana que se empieza a entornar.

El poema de Strand,
las palabras que cambian el rumbo de una idea
esta confianza que no sé retener.
Cada pregunta que no develaría
el motivo de estar
eso que insiste, flota comprimido
la esquina donde se agolpa el mundo
se agolpa hasta caer.

Y el deseo, ese otro yo que expande sus sentidos
una energía tibia que me ablanda,
hace de mí esta nuca que gira

y la señal de alerta que frenaba
tu cuerpo sumergido
el modo íntimo que se vuelve altavoz.


Ahora esta leyenda,
esa memoria de parir sin cuerpo
un foco blanco sobre todas las cosas
el duelo de aceptar tu forma
cualquier influjo de próximas palabras
la mirada
que vuelve sobre el tiempo,
el tiempo que no es.



                               ***


Esto en verdad no avanza
el polen y el tallo
caen en un lugar centrífugo.
La vida ocurre en un eje suficiente
no va hacia adelante, cambia en su lugar
mientras el corazón se arrima a lo que ansía
encuentra un nuevo paisaje de palabras
o se rinde al letargo.



                               ***



No permanece, mueve sus condiciones
cambia a cada momento como la luz
como aquella que viste desde el puente
por donde ibas con la soga suelta.
Esto no se detiene, apenas se establece
mientras la sombra de lo que es
y lo que pudo ser se aúnan,
cada elemento conjugado ablanda su posición.

Solo eso, y la voz
que insiste en atenuar
y el ejercicio de llegar a tiempo
a frenar las pequeñas desolaciones.


Algunos poemas del nuevo libro de Ana Lafferranderie; Día primero publicado por Ediciones del Dock –a punto de salir de imprenta–.

Selección de poemas e impresiones varias, Carolina Massola.