martes, 6 de septiembre de 2016

Mauro Lo Coco (traduit en français)

good days, bad days



hoy entendí que soy yo
quien decide cuándo empiezan
los días lindos

es cuando me despierto sin ganas
de morirme por primera vez
en unos meses

entonces
me habita un entusiasmo insólito
para elegir
una camisa que me hará ver
nuevo y vital

el tiempo
se empieza a poner lindo
cuando me miro al espejo
marco el número
para reservar un turno con esther
para hacerme el mismo corte de siempre
tendremos luego
un duelo de chistes
para aceptar que
yo tengo menos pelo
y ella escucha menos cada vez
así nos divertimos

los mejores días están a punto de empezar
cuando decido
barrer el balcón
tirar las hojas secas que tapan
la rejilla entonces
me convenzo
de que al fin
las plantas van a crecer
como debe ser
sumisas, en paz
y en la dirección
que les ordeno

traer los días lindos
me lleva mucho trabajo
por eso
tengo que encontrar el momento
y el momento
es cuando estoy

bañado
vestido
peinado
afeitado

con la casa y el cuarto limpios
ahí abro las ventanas
ventilo, entonces sí
salgo al balcón
me siento a mirar el sol
digo que llegó el momento
y sonrío






good days, bad days

aujourd’hui j’ai compris que c’est moi
qui décide quand commencent
les beaux jours

c’est quand je me réveille sans l’envie
de mourir pour la première fois
depuis des mois

alors
s’installe un enthousiasme insolite
pour choisir
une chemise qui me fera voir
nouveau et vital

le temps
commence à devenir beau
quand je me regarde dans le miroir
je compose le numéro
pour prendre un rendez-vous avec esther
et me faire la même coupe que d’habitude
nous aurons ensuite
un duel de blagues
qui nous fera accepter que
j’ai moins de cheveux
et qu’elle entend de moins en moins bien
ainsi nous nous amusons

les meilleurs jours sont sur le point de commencer
quand je décide
de balayer le balcon
de jeter les feuilles sèches qui bouchent
la grille alors
je suis convaincu
qu’enfin
les plantes vont pousser
comme il faut
soumises, en paix
et dans la direction
que je leur impose

ramener les beaux jours
me demande beaucoup d’efforts
c’est pourquoi
je dois trouver le moment
et le moment
c’est quand je suis

douché
habillé
coiffé
rasé

la maison et la chambre propres
alors là j’ouvre les fenêtres
j’aère, et alors oui
je sors sur le balcon
je m’assois et je regarde le soleil
je dis que le moment est arrivé
et je souris

                                               (traduit en français par Carolina Massola et Benal)


Mauro Lo Coco, "Mi sabiduría es arruinarla", Bs.As., Zindo & Gafuri, 2015.

miércoles, 24 de agosto de 2016

San Juan de la Cruz


Coplas del alma que pena por ver a Dios


    Vivo sin vivir en mí,
Y de tal manera espero,
Que muero porque no muero.

   En mí yo no vivo yo,
Y sin Dios vivir no puedo;
Pues sin Él y sin mí quedo,
Este vivir ¿qué será?
Mil muertes se me hará,
Pues mi misma vida espero,
Muriendo porque no muero.

   Esta vida que yo vivo
Es privación de vivir;
Y así, es continuo morir
Hasta que viva contigo;
Oye, mi Dios, lo que digo,
Que esta vida no la quiero;
Que muero porque no muero.

   Estando ausente de Ti,
¿Qué vida puedo tener,
Sino muerte padecer,
La mayor que nunca vi?
Lástima tengo de mí,
Pues de suerte persevero,
Que muero porque no muero.

   El pez que del agua sale,
Aun de alivio no carece,
Que la muerte que padece,
Al fin la muerte le vale;
¿Qué muerte habrá que se iguale
A mi vivir lastimero,
Pues si más vivo más muero?

   Cuando me pienso aliviar
 De verte en el Sacramento,
Háceme más sentimiento
El no poderte gozar;
Todo es para más penar,
Por no verte como quiero,
Que muero porque no muero.

   Y si me gozo, Señor,
Con esperanza de verte,
En ver que puedo perderte
Se me dobla mi dolor;
Viviendo en tanto pavor,
Y esperando como espero,
Muérome porque no muero.

   Sácame de aquesta muerte,
Mi Dios, y dame la vida;
No me tengas impedida
En este lazo tan fuerte;
Mira que peno de verte,
Y mi mal es tan entero,
Que me muero porque no muero.

   Lloraré mi muerte ya,
Y lamentaré mi vida
En tanto que detenida
Por mis pecados está.
¡Oh mi Dios! ¿Cuándo será?
Cuando yo diga de vero:
Vivo ya porque no muero.





Coplas Sobre un Éxtasis de Alta Contemplación


   Entréme donde no supe,
Y quedéme no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Yo no supe dónde entraba,
Porque, cuando allí me vi,
Sin saber dónde me estaba,
Grandes cosas entendí;
No diré lo que sentí,
Que me quedé no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   De paz y de piedad
Era la ciencia perfecta,
En profunda soledad,
Entendida vía recta;
Era cosa tan secreta,
Que me quedé balbuciendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Estaba tan embebido,
Tan absorto y ajenado,
Que se quedó mi sentido
De todo sentir privado;
Y el espíritu dotado
De un entender no entendiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   El que allí llega de vero,
De sí mismo desfallece,
Cuanto sabía primero
Mucho bajo le parece;
Y su ciencia tanto crece,
Que se queda no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Cuanto más alto se sube,
Tanto menos entendía
Qué es la tenebrosa nube
Que a la noche esclarecía;
Por eso quien la sabía
Queda siempre no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Este saber no sabiendo
Es de tan alto poder,
Que los sabios arguyendo
Jamás la pueden vencer;
Que no llega su saber
A no entender entendiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

   Y es de tan alta excelencia
Aqueste sumo saber,
Que no hay facultad ni ciencia
Que le puedan emprender;
Quien se supiere vencer
Con un no saber sabiendo,
Irá siempre trascendiendo.

   Y si lo queréis oír,
Consiste esta suma ciencia
En un subido sentir
De la divina Esencia;
Es obra de su clemencia
Hacer quedan no entendiendo,
Toda ciencia trascendiendo.





Glosa a lo Divino


   Sin arrimo y con arrimo,
Sin luz y a obscuras viviendo,
Todo me voy consumiendo.

   Mi alma está desasida
De toda cosa criada,
Y sobre sí levantada,
Y en una sabrosa vida,
Sólo en su Dios arrimada;
Por eso ya se dirá
La cosa que más estimo,
Que mi alma se ve ya
Sin arrimo y con arrimo.

   Y aunque tinieblas padezco
En esta vida mortal,
No es tan crecido mi mal,
Porque, si de luz carezco,
Tengo vida celestial;
Porque el amor de tal vida,
Cuando más ciego va siendo,
Que tiene el alma rendida,
Sin luz y a obscuras viviendo.

   Hace tal obra el amor,
Después que le conocí,
Que si hay bien o mal en mí,
Todo lo hace de un sabor,
Y al alma transforma en sí;
Y así, en su llama sabrosa,
La cual en mí estoy sintiendo,
Apriesa, sin quedar cosa,
Todo me voy consumiendo.


S. Juan de la Cruz, "Cántico espiritual y otros poemas", Buenos Aires, Ediciones del Mediodía, 1969.




martes, 5 de julio de 2016

Horacio Castillo


Apenas por un poco más de luz


Hemos sido mucho tiempo prisioneros de los conceptos.
Demasiados han muerto por una palabra,
o menos, por su sombra,
para seguir haciéndolo.

Seamos honestos: luchamos, sí,
pero apenas por un poco más de luz,
la dignidad de haberlo intentado.






Al  pie de la letra


Ciudadanos: he sido probo. Escrupulosamente hice
lo que la ley no prohíbe y no hice lo que prohíbe,
de tal manera que podéis considerarme un hijo dilecto,
uno más e los que cerraron su oído al motín, el
        corazón a la aventura.
Cada vez que la ciudad dijo sí, dijeron sí mis labios,
y dije no cada vez que la ciudad dijo no.
¿Quién me ha visto discrepando en las asambleas?
¿Quién conoce la naturaleza de mi causa?
¿Quién se agravia del pro o el contra?
Nadie puede levantar un dedo contra mí,
nadie ofrecer prueba, dar testimonio, torcer hechos,
        proferir injuria,
y quien lo hiciese atraería sobre su temeridad unánime
        sanción,
porque nadie, ciudadanos, me conoce como vosotros,
y nadie como vosotros sabe que he cumplido al pie de
        la letra
ahorrando a la ciudad un verdugo, al porvenir un héroe.





Ladrón de ojos escarlata


Yo, el marrano, el traidor, el ladrón de ojos escarlata,
diré el secreto de mi longevidad:
boca arriba, contra las gargantas del cielo,
devoro los huevos de la luz.
Yo bebo la agria copa del mediodía,
yo desciendo a los nidos del atardecer,
yo apareo la ardiente hembra de la madrugada.
Yo, el marrano, el traidor, el ladrón de ojos escarlata,
saqueo el sueño de los niños,
y como un tábano sobre el lomo del universo
mantengo libre el mal, joven al mundo.





Navegante solitario


Desde ahora, cada milla que navegue hacia el oeste
me alejará de todo. Han desaparecido las señales
de vida: ni peces, ni pájaros, ni sirenas,
ni una cucaracha zigzagueando en la cubierta.
Sólo agua y cielo, el horizonte destruido,
el mar, que canta como yo siempre la misma canción.
Ni peces, ni pájaros, ni sirenas,
ni esa extraña conversación en la sentina
que el oído percibe en las horas de calma.
Sólo agua y cielo, el rolido del tiempo.
A la noche, la estrella Achernar aparece en la proa;
entre los obenques, Aldebarán; a estribor,
un poco más arriba del horizonte,
Aries. Entonces arrío, duermo. Y la nada,
mansamente, viene a comer de mi mano.





Elegía


Escucha el canto del ciego amenazado de muerte.
El viento dispersa un pueblo de hojas cifradas
y sobre la colina, a lo lejos, la hoguera de silencio.
Hay algo corroído aquí, todo huele a humedad
y agua estancada, a raíces podridas.
Las manos, torpes, recogen los últimos fragmentos:
espíritu, alma, cuerpo, pura tribulación,
y el galope del caballo por la pradera devastada.
Despídete del jardín, despídete del escarabajo
que nada placenteramente a la sombra del nogal,
llora por la suerte de la apática piedra
y pregunta al que queda: tierra o fuego.
Ya no hay lengua bajo el elegíaco sol.
Sólo estertores, aire suficiente para una bocanada
antes de que calle lo que nació para callar.


Castillo Horacio, "Por un poco más de luz: Obra poética 1974/2005", Córdoba, Brujas, 2005.












domingo, 8 de mayo de 2016

Watanabe


Bosque de piedras


El mundo aún no alcanza
su total y cerrada dureza de piedra.
Todavía sobrevive algo que se contrae
y se distiende debajo de algunas superficies
y fluye un cierto frescor de aguas remotas
y se escuchan tejidos agonizando
entre la yerba dura de las montañas.
Pero en este borde vacilante
ya ninguna forma tiene voz para gritar.




Última noticia


Ésta es tu última noticia, cuerpo:
una radiografía de tus pulmones, brumas
inquietantes, manchas de musgo sobre la nieve sucia.

La tierra espera que algún día
todos los órganos, como los perros, la husmeen
buscando la yerba benéfica. Tus pulmones,
entre hojas sedosas,
lucirán sanos y tersos como recién nacidos
y concertarán con un joven buey
el ritmo amplio de su respiración. Al fondo
habrá un cielo luminoso y ninguna sombra,
sobre todo ninguna sombra aciaga.




El algarrobo


El sol ha regresado esta tarde al desierto
como una fiera radiante. Viéndolo así,
tan furioso, se diría que viene de calcinar toda la tierra.

Ha venido a ensañarse
donde todo ya parece agonizar. Huyeron
del repaso de los muertos el zorro gris, los alacranes
y la invisible serpiente de arena.
Sólo el algarrobo, acostumbrado como está
a su vida intensa pero precaria, ha permanecido quieto,
solitario entre las dunas innumerables.

Este árbol nudoso, en su crecimiento
ha fijado posturas inconcebibles: alguna vez
cimbró la cintura como un danzante joven y desmañado,
alguna vez, aturdido,
estiró erráticamente los brazos retorcidos,
alguna vez dejó caer una rama en tierra como una rendición.
No hay cuerpo más torturado.
Lo único feliz en él es su altísima cabellera verde que va
donde el viento quiere que vaya.

El algarrobo me pone frente al lenguaje.
En este paisaje tan extremadamente limpio
no hay palabras. Él es la única palabra
y el sol no puede quemarla en mi boca.




Basho


El estanque antiguo,
ninguna rana.
El poeta escribe con su bastón en la superficie.
Hace cuatro siglos que tiembla el agua.





La isla


Nadé hasta la pequeña isla deshabitada
cuando el mar estaba muy calmo
y el sol infundía en mi cuerpo una espléndida confianza.
Cansado, dormí sobre una roca combada.

La marea alta me sorprendió. Desperté
cuando las corrientes giraban alrededor de la isla
como una inmensa furia.
Decidí esperar la marea baja del amanecer
y me acomodé casi desnudo entre las rocas
como un animal prudente.

La noche vino con una ficción: la isla
se hizo flotante
y empezó a viajar en la bruma que viene del trópico.
Durante toda la noche, rápidos cangrejos,
en cuyas caparazones brillaba la luna,
devoraron minuciosamente
algo muerto y grande, se diría un caballo imposible.
El oleaje traía peces repugnantes
que adherían sus vientres a las piedras, y otro oleaje
los devolvía a las aguas turbulentas.
Las aves marinas se posaban según la hora de cada una,
las que no tienen canto danzaban
con torpeza, otras, de pico rojo, se restregaban entre ellas
como si hubieran llegado de un festín carnívoro.
Un lobo marino solitario comenzó un llamado bronco
e intermitente
y en algún lugar, en alguna sentina, una gaviota carroñera
cantó.

De pronto asomó el sol, optimista como un niño idiota.


José WatanabeBanderas detrás de la niebla, Lima, Peisa, 2011.
,

viernes, 29 de enero de 2016

3 poemas inéditos de Paulina Vinderman




Amar a un árbol no es sólo un recurso, Juan, *
es un destino.
Las manos de la noche buscan el alba
para ver su tronco y el poema que queda
es un error pintado en plena furia.
Por la calle Acevedo pasa la niña que fui
con su saquito verde y su cuerpo invisible.
¿Qué sé ahora que no supe entonces?
Caminé palabras, camino palabras,
hay una fìesta de estrellas en mi boca
con guirnaldas de agua.


                                                          * Juan Gelman







No es la madrugada la que me trae el estado
de escritura, es la escritura la que empuja
a la madrugada sobre la mesa.
La luz sobre la taza interrumpe la oscuridad
y crea un bodegón junto al reloj.
¿Cuáles serán los gestos del porvenir?
Esperar el sol, encender el fuego, lavar
los animales que hay en mí.
¿Y el poema?
Siempre herencia, nunca devastación.
Está allá fuera con su pena gastada.






Siempre fui valiente, te digo.
Y los ojos de mi padre se asoman
por el acantilado de los míos, un poco turbios.
No le gustaba ese espejo donde mirarse.
El amor se le cerraba en el pecho
y tal vez lloraba dentro suyo como mi gato y yo,
en la orilla donde nos dejaste.

En el mundo siempre encontraré cardos azules,
ríos para cruzar y un lago de sangre donde dormir,
pensaban mis manos.
Mi impaciencia me lo dará todo: árboles y bolsos,
sueños improvisados, no tu amor, padre,
jamás tu amor.

La música de la tierra es mi desborde
y mi olvido.
En el desierto siempre seré un grano de más.    

                                                           a Carolina Massola


©Paulina Vinderman



jueves, 3 de diciembre de 2015

Selva Casal, segunda entrega


Estoy pero no estoy

Ni el aire ni la tierra
Ni los hombres que habito llegarán a explicarme
Atravesé los bosques más profundos
Ya está olvidado todo lo aprendido
Todo lo aprendido en los mapas y los caleidoscopios
Debimos haber vivido juntos
Escalar las montañas cruzar los ríos
Yo no develaré tu rostro
Guardaré el secreto
Todos los bosques te pertenecieron
Vi amanecer la noche
Estoy y ya no estoy
Los deberes oscuros la sapiencia
El rumor de la puerta
Los siglos que vendrán
Cuando ya nadie pregunte por nosotros
Los asesinados
Cuando nada se pueda decir y caigan cuerpos estremecidos por la ira
El mundo demencial
Estalla
Resucitando muertos
Donde el tiempo no existe
De amor te sabe el aire
Y la montaña
Y el color de una foto
Como un gran cuchillo nos abre la memoria.



Saber que nada es cierto

Saber que nada de lo que vivo es cierto
Ampararse en la nada
Esto es la zozobra
Los días como piedras preciosas navegan
Desde un dios imposible
Esta carga terrible es un lugar de asombro
Existe dijo Él
Y yo existí
No es de tarde no es de noche
Y sin embargo espero
No sé qué pero espero
Mis ancestros deliran
Querían que yo fuera torero
O pastor entre las ramas verdes
Y encontrar aquella oveja que un día se perdió para siempre
Pero nadie puede decirle a un hombre nada
Yo pienso en mis ancestros
Culpables inocentes de tanto dolor de tanta alegría
Me gustaría abrazarles
Decirles que aun no sabemos
Ni de las estrellas
Ni de la vida
Ni del amor
Que como ellos al abrir los ojos cada mañana nos descubrimos solos.


Selva Casal, Biografía de un Arcángel, Montevideo, Estuario Editora,2012.


El miedo

El miedo de morir
el miedo de los cuartos oscuros
el miedo visceral
el miedo de la fama
el miedo del fracaso
qué es el miedo
una palabra encantadora y trágica
por la que descubrí una noche
con un rugir tremendo en mis entrañas
el miedo
porque está el miedo estamos
nos impide volar
ser nube
no nos deja ser como queremos
impersonales libres
el miedo tiene miedo
que nosotros podamos descubrir tanta belleza
tanto ser equilibrado y solo.


Uno no olvida nada

Uno no olvida nada
nadie olvida y no se sabe cómo
se construye una ciudad gigante
con huesos desencuentros
todo es invisible
nuestros ojos el aire
los golpes aquel día
desparece amor
no declares tu furia
no asoles enemigo mis últimas ventanas.


Los últimos ángeles de la tarde

En este lugar maravilloso vive la tristeza
maravillosos son los días que transcurren
y no sé por qué
yo tenía un sombrero con cerezas
un tío que se llamaba Juan
en el jardín enterraba los pájaros muertos
que siempre resucitaban eso era seguro
nada de esto volverá a ocurrir
no obstante eso respiro todavía
no me acostumbraré jamás ni a la muerte ni a la vida
si me siento a llorar dirán que estoy loca
si me quedo callada también
y tú dónde estás quién eres
por qué lees este poema
algunas flores se despiertan tarde
no puedo abandonar pensamientos de la nada
porque no sé lo que es morir y apenas lo sospecho
hoy que es lunes que es martes que es siempre
no sé a quién le hablo
ni por qué se suicidan de amor
mi casa no es mi casa
como si todos hubieran desaparecido por encanto
para después reencarnarse en locos vagabundos
para así atrapar
a los últimos ángeles de la tarde.


Selva Casal, En este lugar maravilloso vive la tristeza, Montevideo, Estuario Editora, 2011.
Selección Carolina Massola

martes, 10 de noviembre de 2015

Selva Casal, primera entrega


Cuadernos

Con un cuaderno donde escribes tus sueños
Padre nuestro hijo
Oremos con poesía pan y barro
Fui madre hijo tigre en la maleza
Asesino alevoso
La eternidad descalza
Grito descarnado hueso puro
Y de tus pies ausencia
No sé ser otro no sé ser nada
Por un campo de trigo emocionado
Sobrevuelan cabezas
Miles de águilas miden la distancia
La infinita distancia que hay entre las cosas
Yo que nací por casualidad
En medio del jardín separando cabezas
Cabezas que eran y no son
Yo que meditaba y creía en la lluvia
En las palabras ciertas amaba el viento
Tengo un duende en las venas
Un mar sin fin que arremete y me arroja
Allí donde no hay tabla de sumar ni de multiplicar
Una mujer se arroja al río
Los árboles afirman que es verano
Yo que nunca maté a nadie
O tal vez sí de amor y de tristeza
Digo: nada de grandilocuencia
La verdad sólo la verdad
Basta de libros falsos
Menos conferencias
Clausuremos la solemnidad.



Soy

Soy todo lo que veo
Lo que miro
Árbol río hombre
Distancia planetaria
Qué engranaje secreto
Habita la flor
La mujer homicida
Que quedó impune
Siempre
El diente del dinosaurio
Descubierto bajo una tormenta
De nieve y fuego
El hombre aullando en una hoguera
El desaparecido
Y el que lo hizo desaparecer.



Nadie

Nadie podrá explicarme
El lugar que no se puede concebir
Es el nombre de Jesús
La hora de la salvación
Si sólo hubieras pronunciado una palabra
Este poema arrasado por el fuego
Desecho por la lluvia
Escrito con piedras
Con la furia de los animales en celo
El aullido triste del hombre primitivo
De la luz primitiva
Hay que olvidarlo todo
A ver si así podemos
Los padres torturan a sus hijos
Y los aman
Si sólo por un segundo
Pensaras
Que sólo has engendrado
Polvo para los siglos
A quién amarás.



Al principio fue el caos

Recuerdo el abismo
El caer sin cesar
Cómo es nacer
quien crece entre los lirios
Sólo recordará su origen
Y olvidará todo lo demás
Porque nada
Nada existe
Las lombrices tienen cinco pares de corazones
Y nosotros un solo corazón
Me valgo de las palabras
Y después tiro las palabras
Así devoro todo
y lo extermino.



Me hablan

Me hablan desde lugares lejanos
Hablan a mi oído cantan
Nadie podrá jamás descifrar esa voz
Me hablan desde lugares perdidos
Y yo sin poder hacer nada
Escucho estática
Sólo veo su rostro apagado
La tierra es el país más desolado
Los amantes no se encontrarán jamás
Y yo vagando dentro
Pienso que la sangre perdura
Los autos albergan maldades
Me hablan
Segura estoy de saberme en otra realidad
Donde soy y no soy al mismo tiempo
Caen millones de astros
Sobre los hombres que vendrán.


Selva Casal, Biografía de un Arcángel, Montevideo, Estuario Editora, 2012.
Selección Carolina Massola